La pimpinela escarlata (fragmento)Baronesa Emmuska Orczy
La pimpinela escarlata (fragmento)

"Lo buscan aquí, ellos lo buscan aquí.
Esos franceses lo buscan en todos los lugares.
Está él en el cielo? - Está en el infierno?
Ese maldito y perverso Pimpernel.
La bon mot de sir Percy rodaba por los brillantes salones. El príncipe estaba encantado. Aseguraba que, sin Blakeney, la vida sería un desierto de aburrimiento. Cogiéndole del brazo, lo llevó a la sala de juegos, donde se enzarzaron en una prolongada partida de dados.
Sir Percy, cuyo mayor interés en las reuniones sociales parecía centrarse en la mesa de juego, normalmente permitía a su esposa que coqueteara, bailara, se divirtiera o se aburriese cuanto quisiera. Y aquella noche, tras recitar su bon mot, dejó a Marguerite rodeada de una multitud de admiradores de todas las edades, deseosos y encantados de ayudarla a olvidar que en el espacioso salón había un ser alto y perezoso que había cometido la estupidez de creer que la mujer más inteligente de Europa se avendría a aceptar los prosaicos vínculos del matrimonio inglés. Sus nervios sobreexcitados, la agitación y preocupación prestaban a la hermosa Marguerite Blakeney aún mayor encanto: escoltada por una auténtica bandada de hombres de todas las edades y nacionalidades, provocaba múltiples exclamaciones de admiración a su paso.
No estaba dispuesta a seguir pensando. Su educación, un tanto bohemia desde su más tierna edad, la había hecho fatalista. Pensaba que los acontecimientos se desarrollarían por sí solos, que no estaba en sus manos dirigirlos. Sabía que no podía esperar misericordia de Chauvelin. Aquel hombre había puesto precio a la cabeza de Armand, y había dejado que ella tomara la decisión de pagarlo o no.
Más adelante vio a sir Andrew Ffoulkes y lord Antony Dewhurst, que al parecer acababan de llegar. Observó que sir Andrew se dirigía inmediatamente al encuentro de la pequeña Suzanne de Tournay, y que al cabo de poco tiempo los dos jóvenes se las ingeniaban para quedarse a solas en el mullido alféizar de una ventana, para mantener una larga conversación, de la que ambos parecieron disfrutar. "



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