El palacio de los crímenes (fragmento) "Todos los presos eran emparejados y amarrados reciamente con sogas de esparto, sin atender a categorías, ni clases, ni edades; por manera que muchas veces se ligaba el brazo de un venerable anciano, que acaso había sido coronel, magistrado, jefe político, diputado á Cortes, escritor público, con el de un rapaz andrajoso, sin más antecedentes que el habérsele antojado á un polizonte mandarlo á viajar de orden superior ó por capricho propio. Llegó la noche del 6 de junio. Desde las prisiones de San Martín fueron trasladados á la cárcel de Corte 18 presos. Entre estos infelices, porque infelices son todos los que sufren aun cuando no pertenezcan a las clases desvalidas, había acreditados comerciantes, propietarios honrados, abogados famosos, magistrados respetables, é ilustrados escritores. Cuando llegaron á dicha cárcel, se colocaron los más en el departamento llamado de alcaidía, que se divide en varias reducidas piezas, y hubieron de colocarse cuatro, seis y aun ocho en cada una de ellas por el crecido número de presos que allí existían, la mayor parte á consecuencia de sus opiniones políticas. Aquella incómoda morada, se consideraba como distinguida, pues sólo era permitido ocuparla á los que satisfacían siete reales diarios, de modo que cada aposento de aquellos, de diez pies en cuadro, sucio y mal sano por su fétida humedad, rentaba de 28 à 56 reales por día. Pero aun los verdugos de la humanidad creían que los inquilinos de aquellos cuartos eran demasiado felices, y en breve cundió la noticia de que con otros presos que existían en la cárcel del Saladero iban á salir para Valencia, en cuyo Grao se les embarcaría para la isla de Ibiza, á donde ya habían destinado otra cuerda. " epdlp.com |