Unas vacaciones en invierno (fragmento)Bernard MacLaverty

Unas vacaciones en invierno (fragmento)

"Stella se había quedado dormida con el libro demasiado cerca de la cara. Gerry se levantó y lo cogió para dejarlo sobre la mesilla de noche. De regreso, metió la mano en el bolsillo derecho de la chaqueta, colgada en el armario. Sacó la media botella, fue al baño y cerró la puerta. ¿Qué le había estado contando Stella? Tosió para encubrir el sonido del precinto del tapón y se sirvió un trago. En el espejo, comprobó que el moratón se estaba oscureciendo. Luego volvió a la habitación y se sentó en el sillón con su bebida.
La respiración de Stella seguía siendo larga y lenta. Ella nunca solía mostrarse tan directa cuando hablaba. Gerry miró el vaso y se dio cuenta de que ya estaba vacío. Qué poco le había durado. Se sirvió otro whisky y lo rebajó con agua, llenando el vaso hasta el borde.
Había estado a punto de cazarlo en el ascensor. Cuando el aparato se detuvo bruscamente en el tercer piso, algo en sus bolsillos emitió un sonido extraño, una suerte de tintineo o cloqueo, ahogado parcialmente por el paño del abrigo. Se preguntó si ella lo había oído. Si ese era el caso, no se le ocurría ninguna excusa. «¿Qué ha sido ese ruido, Gerry?»
Gesto de sorpresa. «¿A mí qué me dices?»
Ahora, sentado en la habitación, más relajado, sí podía pensar en excusas. Podía haber atribuido el ruido al líquido de frenos del ascensor. Ella no tenía ni idea de mecánica. «¿Has oído cómo suenan las cañerías del desagüe?» Podía haber dicho que eran borborigmos, ruidos intestinales, a nuestra salud. Pero Stella no había hecho ningún comentario sobre el ruido. Lo único que había dicho había sido: «Estoy deseando meterme en la cama». ¿Lo de que él no estaba incluido en el guion iba en serio? ¿Cómo era posible? Y ¿qué iba hacer él? Se terminó el whisky. Cuando estaba a punto de apoyar otra vez el vaso sobre la mesa, abortó el gesto y cogió una libreta de notas del hotel que estaba junto al teléfono para ponerla debajo y absorber el golpe. Absoluto silencio al apoyarlo. Pero sabía que, en cuanto lo volviera a coger, dejaría un rastro húmedo en la hoja en blanco. Un cero brillante.
De la cama empezaron a llegar ruidos diferentes. Stella estaba entrando en la fase de sueño profundo. Aquella noche, en el restaurante, había notado algo distinto en ella. Estaba distante. Era otra. Gerry no sabía si era culpa suya o no. Sencillamente, le había parecido lejana. Como si fuera alguien a quien no conociera del todo bien.
La única vez que había sentido algo parecido, recientemente, había sido durante las navidades, cuando la había acompañado a la misa del gallo. No le hacía ninguna gracia que fuera sola por las calles oscuras a la una de la mañana. Normalmente, el día de Navidad, Stella se levantaba pronto y se iba sola a la iglesia.
Él se sabía todo el rollo de la misa desde la infancia. Pero también sabía que las cosas habían cambiado. Sentado en el banco, junto a ella, le reconfortaba poder permanecer al margen. La iglesia era neogótica, como miles de iglesias victorianas de todo el país, construida por algún clon de Pugin. Arcos ojivales ascendiendo y descendiendo a ambos lados de la nave, el altar como si fuera una tarta de boda. De niño, lo obligaban a mirar siempre hacia el altar. Su madre le reñía si miraba hacia otro sitio, así que él miraba fijamente lo que tuviera delante. Nucas de adultos, la marca del sombrero en el cabello de un hombre, el estampado y los colores del pañuelo de una mujer. "



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