Huellas de pájaros (fragmento)William Wharton
Huellas de pájaros (fragmento)

"Sé que me está escuchando. Me mira de vez en cuando, y en una oportunidad asoma esa sonrisa amplia de Pajarito. Sigo hablando.
Hacía cero grado y cuando llegamos a la escuela nos despidieron. Hasta el agua de los baños se había congelado. Cinco de nosotros regresamos caminando y decidimos ir a patinar. Nos encontraríamos junto al vertedero de basura, donde la vía del tren cruza el camino.
Éramos Jim Meloney, Bill Prentice, Ray Connors, Pajarito y yo. Ya hemos llegado todos cuando Pajarito dice que si uno pone la lengua sobre la vía congelada, se le queda pegada y uno no la puede sacar. Jim Maloney le dice que es un mentiroso. Empezamos a discutir. Maloney dice que pondrá la lengua sobre la vía. Pajarito trata de disuadirlo, pero Maloney es un irlandés testarudo que se cree muy inteligente. Se arrodilla y pone la lengua tibia sobre la vía. Naturalmente, se le queda pegada. Trata de despegarla, pero no puede moverla. Todos nos reímos. Maloney está haciendo ruido. Empieza a llorar. Hace un frío terrible.
Connors empieza a gritar, dice que oye acercarse un tren. Todos empezamos a correr, gritamos y hacemos como si oyéramos que se acerca un tren. Connors corre y dice que tratará de hacer una señal al tren para que pare. Trae un palo y empieza a pegar sobre la vía, el ruido semeja al del tren sobre los acoplamientos de las vías. A Maloney se le salen los ojos de las órbitas. Da alaridos. «¡Ehhhh!» Pajarito dice que se necesita agua caliente. Estamos a unos doscientos metros de la casa más cercana. Connors regresa, dice que no puede detener el tren. Decimos a Maloney que el único líquido caliente del que podemos echar mano es pis, así que todos sacamos el pito y empezamos a mear sobre su lengua. Qué disparate. Connors le orina la oreja. Me río tanto que no me sale nada. Pajarito simula orinar.
A lo mejor se debió al pis, o a la desesperación de Maloney, la cuestión es que despegó la lengua. Le sangra y la tiene tiesa, congelada. No le entra en la boca. Empieza a perseguirnos a todos. Corremos en todas las direcciones; tengo los pies entumecidos, al correr me duelen. No entendemos lo que dice Maloney. Llora y maldice, tratando de verse la lengua. Trata de alzar piedras para tirárnoslas, pero están congeladas y pegadas al suelo. Finalmente se deja caer de rodillas y llora. Connors dice que lo llevará a su casa; viven cerca, en la calle Clinton. Dice que hace demasiado frío para ir a patinar.
Pajarito y yo esperamos un par de minutos más, pero Prentice no aparece. Empezamos a caminar junto a la vía hacia el camino Marshall, donde están el viejo molino y la represa. Hay partes donde la vía está cubierta de hielo. Pajarito trata de hace equilibrio sobre la vía congelada.
Cuando llegamos al estanque encendemos un fuego. Encontramos unas maderas medio podridas en el molino y una lata de aceite de auto. Lo echamos sobre la madera para que arda. Cuando nos hemos calentado los pies, nos ponemos los patines.
Se ha congelado tan rápido que el hielo es perfectamente transparente. Es como caminar sobre el agua. Vemos unos bagres nadando en el fondo. Saltan cuando nos acercamos, y producen pequeñas explosiones de lodo.
Patinamos un rato, luego jugamos una especie de hockey con unos palos y una piedra. Se nos ocurre patinar arroyo arriba, hasta donde lleguemos. Primero echamos unas maderas en el fuego para que siga ardiendo, escondemos los zapatos y partimos.
Es divertidísimo patinar sorteando las piedras del arroyo. Algunas tienen más de un metro veinte de ancho. A veces el hielo no es más que una delgada senda entre los bancos de arena; otras veces el arroyo se ensancha tanto que parece el estanque.
Pajarito patina muy bien. Salta y sabe caer sobre un pie. Eso se debe a la práctica de vuelo que tiene. Juntamos velocidad y saltamos sobre unas piedras. Naturalmente, Pajarito salta dos veces más alto que yo. En cada salto, supera los seis metros. Debería practicar salto en longitud.
Atravesamos el campo de golf, pasamos bajo los puentecitos, luego detrás de una fábrica y a lo largo del borde de la calle Sesenta y Tres. En una oportunidad, oímos pasar el tren elevado. Nos divertimos tanto que no sentimos el frío. Los otros muchachos fueron unos imbéciles en no venir con nosotros, pero no los echamos de menos. Pajarito y yo sabemos que estamos haciendo un poco más de historia juntos. Nos divertiremos contando la experiencia cuando volvamos al colegio. Diremos algunas mentiras para que suene mejor, y agregaremos algo nuevo cada vez que la volvamos a contar. Eso es algo que Pajarito y yo hacemos automáticamente, sin ponernos de acuerdo. El inventa y yo agrego detalles para que parezca real. "



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