El crimen del soldado (fragmento)Erri De Luca
El crimen del soldado (fragmento)

"Desde hace unos años vamos al Tirol del Sur también en verano. Mi padre ya no soporta los sitios en los que se habla poco o mal el alemán.
A fuerza de guardarse las espaldas, le habían salido ojos detrás de la nuca. Apuntaba las matrículas de los automóviles del vecindario. Fotografiaba el paso de los extraños. En casa hay cajones de cuadernos repletos de números y fechas, además de un archivo de transeúntes.
Mi madre nos abandonó, harta de no tener un público marido y de una ficción sin fin. Fue entonces cuando vine a saberlo todo acerca de mi padre. Sucedió en un día, en pocas horas. Yo volvía de la universidad, mi madre tenía dos maletas en el vestíbulo. Me explicó nuestra vida en media hora. Otro hombre la estaba esperando en el portal. Supe que tenía otro apellido y que lo iba a recuperar.
Acogí la avalancha de noticias con la calma repentina que se produce ante lo inevitable. Me dejó su dirección, podía reunirme con ella cuando quisiera. Dije de inmediato que no y no he vuelto a verla, ni a recibir noticias suyas.
En un solo día encontré un padre y perdí a mi madre. Nunca me pidieron mi parecer. Concluyeron su función después de veinte años de representaciones, igual que una compañía teatral. Era lo irreparable, para lo que llevaban tiempo preparados. Yo tenía que estarlo de inmediato.
Le bajé las maletas, volví a subir a casa y supe quién era: la hija de un criminal de guerra. Eso era lo que me correspondía ser. Podía desertar, abandonar en su infortunio al hombre a quien había creído un abuelo. No lo hice. Quería saber de sus labios, escuchar su confirmación y pronunciar por primera vez el nombre de papá. Me resultaba desmañado en la boca y lo ensayé varias veces antes de su llegada.
Vino cuando salió de trabajar, vio la habitación vacía y no se quitó el uniforme de cartero. Hay hombres que necesitan más un uniforme encima que alcohol en el cuerpo. Yo lo esperaba sentada en la cocina. "



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