El tío Remus (fragmento)Joel Chandler Harris
El tío Remus (fragmento)

"Había escondido los cuernos, su rabo, y sus pezuñas, y venía vestido con unas ropas que ni fuera un blanco. Se quitó el sombrero y se inclinó a saludar al herrero, y luego le dijo quién era, y que había venido a llevárselo consigo. Entonces el herrero, al oír eso, se echó a llorar y a implorar, y estaba rogándole tanto y llorando tan fuerte que el Hombre Malo le ofreció un trato: que no se llevaría su alma hasta pasado un año si durante este tiempo le ponía a la puerta lo mejor de sus labores; y después de decirle esto, le echó un conjuro a la silla sobre la que estaba sentado el herrero, y a la maza de su fragua. Era para que el que sentara en esa silla ya no pudiera levantarse más hasta que el herrero se lo permitiera, y quien cogiera la maza tendría que continuar golpeando y golpeando hasta que el herrero le dejara descansar; y después de todo esto, le dio mucho dinero y se fue.
El herrero se quedó encantado y salió a divertirse todo lo que pudo, y lo estaba pasando tan bien que se olvidó por completo del contrato con el que se había obligado, y así, poco a poco, llegó un día en que al mirar hacia el camino vio nada menos que al Hombre Malo que venía hacia él, y entonces se dio cuenta de que había pasado el año. Cuando el Hombre Malo hubo llegado al dintel de la puerta, el herrero estaba dándole fuerte con la maza a una herradura, pero no estaba tan ocupado que no pudiera invitarle a entrar. El Hombre Malo no estaba para bromas y parecía querer terminar cuanto antes lo acordado, pero el herrero le dijo que tenía algunos trabajillos que estaba deseando terminar, y así, le pidió al Hombre Malo que por favor se sentara un momento a esperar; y el Hombre Malo aceptó esperar un rato y fue y se sentó precisamente sobre aquella silla que había conjurado y maldecido, y ahí mismo se quedó pegado. Entonces el herrero comenzó a reírse del Hombre Malo, le preguntó si no quería tomar un trago, y que si no prefería arrimar su silla un poco más a la calor del fuego, y el Hombre Malo no tuvo más remedio que pedirle y rogarle que lo dejara levantarse, pero no le sirvió de nada, porque el herrero estaba decidido a tenerlo ahí sentado hasta que le prometiera que lo dejaría libre otro año más, y, tal como lo oyes, el Hombre Malo le prometió, seguro, que si el herrero lo dejaba libre lo dejaría en paz de nuevo. Entonces el herrero dijo la palabra y el Hombre Malo saltó de la silla y se fue corriendo por el camino grande, cuidándose de poner trampas por donde iba yendo, para ver si podía cazar más pecadores.
Pasó otro año y todo igual que el otro. Cuando llegó la fecha prevista el Hombre Malo vino a buscar al herrero, pero el herrero todavía tenía unos trabajitos que tenía muchos deseos de terminar, así que le pidió al Hombre Malo que tomase la maza de la fragua y le ayudase a terminarlos; y el Hombre Malo pensó que sería descortés no hacer lo que le pedían, y que además no le importaría dar unos cuantos golpes; y con este propósito fue y agarró la gran maza del herrero y, claro, ahí quedó de nuevo bajo el conjuro que le había echado, que el que cogiese esa maza ya no podría dejarla hasta que el herrero se lo permitiese. Y así fue como se arreglaron de nuevo, tal como lo oyes, y para que le dejara marcharse el Hombre Malo le concedió otro año. "



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