Ciudades (fragmento)Ramón Xirau
Ciudades (fragmento)

"En esta ciudad severa, algunos signos de sinrazón. Sinrazón la de Alberti para nosotros modernos; pero sinrazón que se comprende si se piensa que Alberti trataba de crear en sí mismo el uomo universale. Alberti arquitecto, matemático, buen músico y discreto en cuantos oficios múltiples practica; algo tiene de la universal sinrazón de los hombres. La sinrazón de las «ventanas abiertas» y el «ruido» es un fenómeno moderno: se debe al turismo invasor y fotográfico y se debe a la locura del tráfico florentino. Mientras se mantenga uno entre las rayas blancas para los peatones los coches solamente amenazan, chirrían y frenan. Pero no se salga el paseante de las rayas que les son propias y que forman su pequeño reino callejero. Hay en Florencia, como lo hay en Roma, peligro de muerte. Los cafés de la Piazza della Signoria se tranquilizan, en octubre, a las seis de la tarde. Por Via Tornabuoni el lujo de los expendios de cuero y la serenidad de anticuarios y artesanos. Via Dante está desierta y guarda silencio para que no estorbemos caminos amorosos. Via Porta Rossa nos lleva entre un florilegio de sendas y gelattos, hacia el Mercado de la Paja. Los palacios siguen reposadamente su vida: el Palazzo Strozzi con su muro rocoso de grandes piedras sobresalientes, el Palazzo Pitti con los jardines ascendentes del Boboli, el Bargello, con el patio de más señorío que existe en la Florencia de los señores. También con mirada serena caminan por las calles las florentinas bellísimas, algunas de ellas parte de la plástica antigua de los grandes maestros de la pintura. El Arno también reposa a un paso de la iglesia de Santa Trinita. Día de iglesias: Santa Trinita, Santa Maria Novella, Orsanmichelle, la Santa Croce.
Más que arquitectura, Santa Trinita es ambiente. La fachada de Buontalenti es digna, pero no más. Su renacer es ya tardío comparado al de Brunelleschi y es poco imaginativo comparado al de Alberti. Los muros de Ghirlandaio son apenas visibles en la penumbra y en la niebla que en ellos ha puesto el tiempo. Luca della Robbia ha pulido noblemente la tumba del obispo Federoghi. Pero nada de todo esto llena el ambiente. Aquí parece que la verdadera maestra es la sombra iluminada de los escuetos fuegos triangulares que proyectan velas siempre encendidas. Son las ocho de la mañana y la luz es de tarde; son las dos de la tarde y anochece. Santa Trinita, hogar de recogimiento y, como pocos en Florencia, de plegaria, es la negación misma de las pretensiones que hicieron levantar a Cosme de Medici la altiva estatua sobre pedestal romano.
Arquitectura en cambio es, muy principalmente, Santa Maria Novella y lo es también el Ospedale degli Innocenti que la mira cara a cara. La iglesia está cerrada por restauración de los murales. Quedan a la vista la fachada y el claustro. Éste es de hermosa hechura y se levanta hacia las cumbres de los cipreses interiores, hacia la cumbre del Campanile. La fachada es otra cosa. En pocas obras de arte se ve, como aquí, la presencia de un arquitecto: Alberti. Como la Santa Croce, Santa Maria Novella es prototipo del gótico florentino. Gótico sí pero apenas; un gótico que alegran el verde de los pilares, el blanco y negro acebrado de los muros laterales. Este gótico florentino se lanza a veces hacia experiencias casi barrocas. Pero gracias a Alberti esta estructura gótica, hermosa, dibujada, tranquila, alegre, adquiere su dignidad presente. Coronada literalmente por Alberti, rematada en la cumbre por el triángulo de los clásicos, firmada por mano de un arquitecto que fue también matemático, Santa Maria Novella es el prototipo de la unión de los opuestos. Más valdría decir que aquí los opuestos no se oponen y que transcurren hacia nuevos estilos que los complementan. En otras palabras: Alberti pudo terminar, en el sentido más real de la palabra, la estructura de Santa Maria Novella porque supo llevarla a sus propias y últimas consecuencias. Solamente más tarde, y en Roma, Borromini sabrá seguir un espacio ya creado siglos antes para hacerlo verdadera secuencia. "



El Poder de la Palabra
epdlp.com