Eros el agridulce (fragmento)Anne Carson
Eros el agridulce (fragmento)

"La imaginación es el núcleo del deseo. Actúa en el núcleo de la metáfora. Es esencial para la actividad de la lectura y la escritura. En la poesía lírica arcaica de Grecia, estas tres trayectorias se cruzaron, tal vez de manera fortuita, y la imaginación delineó sobre el deseo humano un contorno más bello (piensan algunos) que cualquier otro anterior o posterior. Hemos visto qué forma adquirió ese contorno. Al escribir sobre el deseo, los poetas arcaicos hacían triángulos con sus palabras. O, para decirlo de manera menos incisiva, representaron situaciones que deberían involucrar dos factores (amante, amado) en términos de tres (amante, amado y el espacio entre ellos, como quiera que se lleve a cabo). Este contorno ¿es sólo un fetiche de la imaginación lírica? No. Hemos observado a trágicos y poetas cómicos y epigramáticos interesados en lo dulce-amargo del deseo. Descubrimos las raíces de esa noción en la Afrodita de Homero. Vimos a Platón dar vuelta el problema. Aquí hay algo esencial del eros.
Los poetas líricos captaron su contorno con súbita agudeza, y lo plasmaron por escrito. «¿Qué desea el amante del amor?» es la pregunta a la que nos condujo la evidencia lírica. Pero ahora deberíamos considerar la cuestión desde otro lado, porque la naturaleza de la evidencia lírica no puede separarse del hecho de su transcripción, y ese hecho sigue siendo un misterio. Con esto quiero decir que los poetas líricos son un caso lí­mite, ya que vivieron el primer estallido de actividad literaria que siguió al alfabeto, ya que se les encargó componer poesía lí­rica para su representación oral y pública, y porque también, de algún modo, se ocuparon de registrar por escrito esos poemas.
Son poetas que exploran el borde entre el procedimiento oral y el procedimiento alfabetizado, que indagan para ver qué cosa es la escritura, la lectura, qué puede ser la poesía. No es una posición sencilla. Tal vez por eso los poemas son tan buenos. Sea como fuere, esa posición se volvió gradualmente más sencilla a medida que la alfabetización se difundió por todo el mundo griego. Se desarrollaron nuevos géneros de expresión para satisfacer sus demandas. Consideremos el más influyente de esos géneros, que evolucionó expresamente para la delectación de escritores y lectores. A la pregunta «¿Qué desea el amante del amor?» superpongamos las preguntas «¿Qué desea el lector de la lectura? ¿Cuál es el deseo del escritor?». La respuesta es novelas. "



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