Historias antes del atardecer (fragmento)Oliver Friggieri
Historias antes del atardecer (fragmento)

"El ruido nunca cesaba en nuestra vieja calle, que databa de la época de los Caballeros. Siempre estaba llena de los gritos y parloteos de quienes vivían a su antojo. Nunca había un momento de silencio durante el día, porque hasta el atardecer ninguno de los niños nos permitíamos un momento de descanso, ni siquiera para respirar... Durante las vacaciones de verano, la cosa se volvía completamente loca. Vestidos con ropa ligera, salíamos de casa antes de que los adultos empezaran a trabajar, y disfrutábamos compitiendo, pasando de un juego a otro, al estilo de los mayores, es decir, repitiendo sus viejos juegos. Y jugábamos con entusiasmo, sobre todo cuando los mayores iban a la iglesia a oír misa o a rezar el rosario, a veces varias veces al día.
El bullicio de la calle no era tan molesto. Incluso los mayores pensaban igual que nosotros, los niños, y rara vez nos regañaban, salvo algunas ancianas que nos criticaban tras una persiana entreabierta. Ahora que somos mayores, entendemos por qué nos comprendían. Sin nosotros, un callejón habría permanecido desierto y plagado de ratas que se habrían multiplicado a su antojo. Incluso en un cementerio hay pájaros que, rompiendo el silencio excesivo, inspiran alegría con sus trinos, ahuyentando así el miedo que de otro modo reinaría.
[...]
Así que nos dejaban saltar y retozar de esquina en esquina, como a tantos pilluelos, caer y levantarnos, sacudirnos el polvo y empezar de nuevo, a veces silbando, a veces gritando hasta quedarnos roncos. Otras veces nos reuníamos en la acera para tararear alguna canción infantil o prosa rimada que habíamos aprendido en la escuela."



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