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Petia camino al reino de los cielos (fragmento) "Hay cosas que son inasequibles a la razón. Cosas que están más allá de nuestra capacidad de comprensión. Para algunos es Dios; para otros, la carencia de fe. A Petia, y no sólo a él, por cierto, le era inasequible la noción de fuga. Una fuga, la acción de escaparse, constituye uno de esos intrincados problemas ante los que hasta los investigadores más serios no consiguen mantener una adecuada dosis de objetividad que los libre de caer en los extremos, tal como sucede con los profanos. En ruso, se les llama «fugas» a los brotes tiernos de las plantas, que son una afirmación de la vida… Una fuga es una suerte de segundo nacimiento, aunque mejor. Cuando nacemos la primera vez, apenas nos damos cuenta de lo que nos sucede. Ya somos capaces de percibir las sensaciones, pero carecemos de memoria y, por lo tanto, no podemos comprender cabalmente qué nos está pasando. Ese primer nacimiento nos viene dado como una suerte de obligación y nuestra participación en él es mínima. Una fuga es otra cosa, y si no has activado de antemano dentro de ti el mecanismo, el muelle que te hará saltar el día exacto y a la hora precisa para cruzar la línea prohibida y seguir después más allá, lejos del punto de control, si no hay en ti la voluntad necesaria para hacerlo, como no la había en el mocoso que cruzó la cerca en segundo lugar, es mejor que te quedes tranquilo escuchando como tu vida transcurre entre diana y diana. La fuga no es la vida: es el elixir de la vida. Basta que salgas un instante del cerco de alambre de espino, que lo rebases durante un minuto o diez, para que comprendas con todo tu ser, y no sólo con tu mente o tus ojos, que todo lo que habías visto antes, cuando te conducían por aquellas mismas calles, entre aquellas mismas casas, no era más que una ilusión, una enorme falsedad. Y aun cuando te hayas fugado en plena noche, se iluminará todo en derredor y el mundo se abrirá ante ti, se abrirán las cortinas de la ciega indiferencia, que ya lleva años separándote de todo lo que hay del otro lado. En un instante, en ese bendito primer instante de libertad, toda la inconmensurable extensión de tierra que apenas un minuto antes no contaba para ti, se convierte en tuya, existe contigo y para ti. Aunque fuera por ese sólo instante, tal vez ya vale la pena arriesgarse. En esa hora, a lo largo de esos sagrados minutos en los que no tienes en quien confiar, ni cabe esperar ayuda de nadie, verás acrecentarse tu presencia de espíritu y tu valor, a medida que aumenten los peligros." epdlp.com |