Un millón de cuartos propios (fragmento)Tamara Tenenbaum
Un millón de cuartos propios (fragmento)

"Mientras recordaba a mis compañeras de primaria prendiendo el horno para alimentar a sus hermanitos cuando a mí todavía no me dejaban ni usar el cuchillo grande, me pregunté qué decía todo esto sobre la autoridad de la primera persona; si me puse a pensar en esto solo de casualidad, porque escuché este podcast mientras tomaba notas para este capítulo, o si algo en particular había relacionado en mi mente las dos cuestiones. Diría que lo segundo, pero eso que relaciona las dos cuestiones es difícil de explicar. Por una parte, entendí que a veces, aunque uno tenga números y buenas investigaciones cuantitativas hechas y leídas, la experiencia y la intimidad proveen un conocimiento difícil de medir, pero igualmente difícil de adquirir de otra manera, sobre la subjetividad de otras personas; por eso existen las entrevistas en profundidad como metodología científica, y por eso los ensayos e incluso la literatura de ficción son también formas de saber y aprender sobre las vidas ajenas. No nos pueden dar datos que podamos presentar como información rigurosa, pero nos abren una puerta al modo en que otras personas piensan y elaboran sus experiencias, que nos ayudan a pensar esas experiencias ajenas y también las propias. Eso tomé, pienso, de los mejores ensayos personales feministas que he leído: puertas de entrada a formas de pensar que no son las mías, cápsulas que me sacan por un rato de los límites de mi propia subjetividad y luego me devuelven a ella con información nueva.
Aprendí mucho sobre maternidad, sobre sexo, sobre amor y dinero, sobre un montón de temas importantísimos, en textos muy bien escritos por otras mujeres que me invitaban a caminar el mundo en sus zapatos, que me prestaron sus ojos. Pero para que eso suceda, pensé, tiene que haber una cierta apertura. El problema de esos ensayos sentimentales con demasiada autoridad, pensé, esos ensayos que hasta me animaría a llamar autoritarios por el modo en que presentan los descubrimientos de sus autoras —como blindados a la crítica y el cuestionamiento, por el hecho de que si yo lo siento así es porque es así—, es que también parecen decirme que, si yo no lo viví, no puedo entender de qué me hablan. No puedo cuestionarlo porque no puedo entrar, y entonces no hay conversación posible. También me di cuenta de que el miedo a sonar así de autoritaria era lo que últimamente me impedía ser ambiciosa en mis propios ensayos: lo que no me permitía tener la audacia de la modestia que le envidio a Virginia, la de quien cuenta cómo la ve porque sabe que solo está contando cómo la ve, que se está parando en su texto dispuesta a ser cuestionada, corregida, desafiada."



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