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Los honores perdidos (fragmento) "Que quede claro: mi nombre es Saïda Bénérafa. Hasta los cuarenta y tantos, nunca había salido de New-Bell Douala nº5. Todavía no era la cincuentona que fascina a Belleville. Sin embargo, ya por aquel entonces aparecía en los titulares de la telefonía árabe. Nací en uno de esos barrios emblemáticos, el ombligo del universo, donde la imaginación y el ingenio humanos superan la ficción. El instinto de supervivencia anula las nociones de tiempo y espacio. Tanto científicos como urbanistas se quedan atónitos al ver casas destartaladas, construcciones precarias y torres de vigilancia infernales surgir ante sus ojos como hongos. Y ante esta capacidad de improvisación humana, solo pueden hacer una cosa: aplaudir. [...] Se burlaron de mí, Saïda Bénérafa, solterona entre ancianas, Virgen Eterna de vírgenes, Fatma, Madre de Dios, si se quiere. Mi cabello me caía en cascada por el cuello, mi sexo se encogió y mi vida se desmoronó. «Un cabello como el de Saïda, nadie lo tiene». Habría dado ese cabello por unas palabras de amor, una propuesta de matrimonio, una cita o esas nimiedades que dan a las mujeres ese aspecto rosa gigante." epdlp.com |