|
XXVI, de Marriage "La visión de mi rostro, mi propio rostro al volverse, es cuanto necesito para empujarme al borde, el borde del llanto, aunque si vieras más allá de la huesuda escarpa de mi cabeza el escamado paisaje lunar que cada mañana se desvanece en el cristal, me encontrarías con los ojos secos, demasiado aterrado como para llorar por esto que ahora soy. Bonita cosa. Semejante fin. Trozo a trozo me toco adentro, los realces gris-verde en la carne, el hueso brillante guiñando a través de la piel, hasta acabar ahíto de color y línea; y cuando todo haya terminado colgaré mi cabeza, mi pesada cabeza, de una percha con una vista despejada del jardín, con la esperanza de encontrarte yendo de hilera en hilera entre los guisantes y el brócoli calabrés o adentro entre las cañas de frambuesas con su paramento de muselina y malla de alambre, tú con tu azadón de mango roto, con tu chaqueta de tafetán, tú con ese viejo sombrero de esparto, arrancando todos los hierbajos del buen tiempo, a menos que ya estés muerta claro, a menos que ahí sea donde entra este escrutinio de la carne, de carne y hueso." epdlp.com |