XXVI, de MarriageDavid Harsent
XXVI, de Marriage

"La visión de mi rostro, mi propio rostro al volverse, es cuanto necesito
para empujarme al borde, el borde
del llanto, aunque si vieras más allá de la huesuda escarpa de mi cabeza

el escamado paisaje lunar que cada mañana se desvanece en el cristal,
me encontrarías con los ojos secos, demasiado aterrado
como para llorar por esto que ahora soy. Bonita cosa. Semejante fin.

Trozo a trozo me toco adentro,
los realces gris-verde en la carne, el hueso brillante
guiñando a través de la piel,

hasta acabar ahíto de color y línea;
y cuando todo haya terminado
colgaré mi cabeza, mi pesada cabeza, de una percha

con una vista despejada del jardín,
con la esperanza de encontrarte yendo de hilera en hilera
entre los guisantes y el brócoli calabrés

o adentro entre las cañas de frambuesas con su paramento
de muselina y malla de alambre, tú con tu azadón de mango roto,
con tu chaqueta de tafetán,

tú con ese viejo sombrero de esparto, arrancando
todos los hierbajos del buen tiempo,
a menos que ya estés muerta

claro, a menos que ahí sea donde entra
este escrutinio de la carne,
de carne y hueso."



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