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Sueños olvidados (fragmento) "Nadie me entendió entonces, cuando todavía era la niña pequeña de tímidas palabras infantiles, tampoco usted, que tan cerca estaba de mí. Quizá tampoco yo misma. Aún hoy pienso a menudo en ello y no me comprendo, pues ¿qué saben las mujeres de sus almas crédulas de adolescentes, cuyos sueños son como delicadas pequeñas flores blancas, que se lleva el primer aliento de la realidad? Y yo no era como las otras muchachas, que soñaban con héroes de arrojada masculinidad y vigorosa juventud, que convertirían su deseo incierto en brillante felicidad, su callada intuición en sublime conocimiento y las liberarían de la angustia vaga, oscura, imposible de definir, pero por ello no menos atormentadora, que echa su sombra sobre sus días de adolescencia y se vuelve cada vez más negra, más amenazante y más opresora. Nunca conocí esos sentimientos; mi alma bogaba a bordo de otras barcas de sueños hacia la secreta fronda del futuro que se escondía tras las nieblas envolventes de los días venideros. Mis sueños eran míos. Soñaba siempre que era una princesa, como las que aparecen en los viejos libros de cuentos, que juegan con deslumbrantes piedras preciosas de irisados colores, cuyas manos se sumergen en el resplandor dorado de tesoros fabulosos y cuyos recargados vestidos tienen un valor inestimable. Soñaba con el lujo y la riqueza porque los amo. ¡Qué placer cuando podía acariciar con mis manos la seda temblorosa, de melodía casi inaudible; cuando mis dedos reposaban como dormidos en el blando y ensoñado plumón de un pesado terciopelo! Era feliz cuando podía llevar como una cadena joyas en las delicadas falanges de mis dedos temblorosos de alegría, cuando gemas blancas relucían en la densa masa de mis cabellos como aljófar, mi máxima ambición era descansar en los asientos muelles de un coche elegante." epdlp.com |