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Los campesinos (fragmento) "Desde las primeras horas de la mañana se presagiaba la tempestad de nieve; el día había empezado nublado, ventoso y muy hosco; caía la nieve a copos menudos, secos, de aristas angulosas, como avena apenas machacada en el molino de mano; el cierzo soplaba cada vez más fuerte, un cierzo frío y que, como un borracho, rodaba en todas direcciones a la vez, ululaba, silbaba y fustigaba la nieve rabiosamente. [...] Vinieron también días cálidos, húmedos, inundados de sol, que olían a frescor, y tan llenos de savia, tan cargados de primavera, tan ebrios de vida, que, al anochecer, cuando se acallaban las voces de los pájaros y la aldea se entregaba al sueño, parecía sentirse el crecer de las raíces bajo la tierra y cómo subían los tallos de la hierba...Era ya pleno día y el sol refulgía alegremente. Desde la hora del desayuno empezó a sentirse un fuerte calor. Los huertos y los campos sumergíanse lentamente en las grandes burbujas blanquecinas de aquel aire caliginoso. [...] La nieve caía directamente a la tierra como a través de un denso tamiz, caía uniforme, monótona y silenciosamente, extendiéndose sobre los tejados, los árboles y los setos, como una tela blanqueada, cubriendo toda la tierra con su suave plumón. (...) Días descoloridos se arrastraban por los campos vacíos, tétricos, e iban a morir en los grandes bosques, cada vez más mudos, cada vez más pálidos, como santas hostias al resplandor de cirios que se apagan." epdlp.com |