Ocaso y aurora (fragmento)Rafael Luna
Ocaso y aurora (fragmento)

"Tal vez la niña fuera huérfana, y el noble y generoso conde se hubiera encargado de su tutela.
Comoquiera que sea, la preciosa Margarita, que este era el nombre de la misteriosa protegida del conde de Frigiliana, gozaba entre la servidumbre de su protector las prerrogativas que hubiera podido gozar siendo su hija o su hermana, recibiendo una educación análoga al rango de su protector, por más que todos ignoraran el de ella, que ni la misma niña conocía tampoco.
Hablaba vagamente de su madre, pues sin duda no le habían impuesto reserva alguna, con los ojos arrasados de lágrimas, cruzadas sobre el pecho sus manecitas de nieve y vueltas al cielo sus melancólicas miradas.
Su madre había muerto al darla a luz, y la niña hablaba de ella como de un ser muy querido con el que algún día hubiera de reunirse.
Hablaba de su padre con férvido y filial amor; y a su recuerdo, brillaban sus pupilas, se animaban sus infantiles facciones, y la fe y la esperanza iluminaban su nítida frente.
Si le preguntaban: «¿Dónde está?», contestaba: «En el otro mundo». Si «¿Cómo se llama?», «Padre», decía con la ingenuidad del que revela todo lo que sabe."



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