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Pluie d’argent (fragmento) "El cerdito que podía volar estaba solo, y la soledad se volvió amarga para él. Tulipanes, hierbas, mariposas, carboneros, todos los seres vivos con los que podía conversar, lo aburrían; sufría como si estuviera fascinado por los seres humanos; su alma de cerdito anhelaba la amistad con el hombre, y su vida se transformó en espera y sufrimiento. Tenía un profundo anhelo por una niña. Su madre, por la tarde, lo llevó con ella a pasear al aire libre. Además, cuando hacía buen tiempo, la niña venía y se sentaba junto a la estatua de la benefactora, extendía su cuaderno sobre las rodillas y dibujaba el hexágono con el Tivières y sus montañas, el Mosa donde se reflejaba Juana de Arco, la buena Lorena, y el Ballon d'Alsace. El cerdito la encontraba fascinante; anhelaba ir a verla, pero el miedo que le habían infundido su madre, la cerda, y la señora Mole le impedía obedecer la voz de su corazón. Su instinto de autoconservación era incluso más fuerte que la llamada de la otra. Sin embargo, sus días eran oscuros y dolorosos, y decidió marcharse, olvidar a la buena y estudiosa niña, irse lo más lejos posible, hacer como los americanos, alcanzar la estrella láctea que gobierna el movimiento de las mareas y los caprichos de lo voluble." epdlp.com |