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Los caminos internos (fragmento) "Eduardo recordó las supuestas visiones de los que morían por unos minutos en el quirófano, el túnel, los familiares y amigos que recibían con abrazos a los recién llegados. Un mito urbano que había ido creciendo con los años y los testimonios, perfectamente explicable como la alucinación de un cerebro en estado de shock. Él creía en el cuerpo como máquina, en sus dolencias, en sus percepciones. Si existía el alma era trabajo para sacerdotes. Cuando los árboles se acabaron, se encontró frente a las primeras casas de un pueblo. Tuvo la impresión de haberlo visto antes. Era muy parecido, casi idéntico al pueblo donde se crio, el que dejó para estudiar en la capital. La plaza central, la avenida principal con sus negocios, la pequeña capilla. Había odiado ese lugar, lo había despreciado antes de irse, lo había abandonado para siempre. Aquel pueblo era como este, muy pequeño, un puñado de personas que se conocían por nombre y apellido, ubicado también a la vera de uno de esos caminos internos, lejos de las rutas, del progreso, del paso del tiempo. Pero todos los pueblos se parecen, pensó mientras bajaba la velocidad para internarse en la calle principal. Todos tienen los mismos elementos, el mismo aire de pureza. Era pasado el mediodía, y el pueblo parecía cantar." epdlp.com |