El bosque de los amantes (fragmento)Mari Mori
El bosque de los amantes (fragmento)

"Gido sentía el peso de la obsesión con el cuerpo obeso y feo de la señora Ueda, de quien se había separado recientemente, pesando sobre su mente. Cuando yacía boca abajo, presionaba una aguja contra la cama, y sus dos pechos, calientes como si ardieran, con pezones y areolas como frambuesas de color púrpura rojizo, y el montículo redondo desde su plexo solar hasta su estómago, firme porque nunca había tenido hijos, y bajo el peso de sus piernas, que proyectaban una sombra oscura sobre ellos, yacía el abdomen inferior elástico que ocultaba el secreto de su romance con Gido que había durado más de dos años. Estos se habían engordado rápidamente y perdido su forma, pero al conocer a Paolo, habían perdido todo su atractivo. Han pasado cuatro meses desde aquella escena, bajo la luz ya desgastada de la lámpara, donde tales extremidades se retorcían bajo los ojos cansados de Gido, comenzaron a desprender gradualmente el olor a fruta podrida, después del cuerpo fresco, verde, joven y frondoso de Paulo, que estaba a dos meses de cumplir dieciocho años. Bajo la piel de la fruta en descomposición yace un frenesí de sospecha y celos que amenaza constantemente con estallar."


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