Adiós y buena suerte (fragmento), de Batallas de amorGrace Paley
Adiós y buena suerte (fragmento), de Batallas de amor

"No supo contestarme. Se quedó mirándome sorprendido. Pero no nos quedamos parados, sino que, muy amartelados, aunque no tan deprisa como antes, nos fuimos a mi nuevo piso de la calle Noventa y Cuatro. En las paredes había las mismas fotos de siempre, todas de Vlashkin, pero ahora lo había pintado todo en rojo y negro, que era lo último, y había tapizado de nuevo los muebles.
Hace unos años se publicó otro libro escrito por un miembro de aquella compañía, una actriz, que aprendió a pronunciar muy bien el inglés y se fue a trabajar a teatros de la parte alta: Marya Kavkaz. Decía algunas cosas sobre Vlashkin. Por ejemplo, que había sido su amante durante once años. No le da vergüenza escribirlo. No parece sentir ningún respeto por él, por su mujer y sus hijas, o por otros que también puedan tener sus sentimientos respecto al asunto.
No, Lillie, no te sorprendas. La vida es así, como suele decirse. El alma de un actor tiene que ser como un diamante. Cuantas más facetas tenga, más brillará su nombre. Tú, pequeña, te casarás un día con un hombre al que querrás, y tendrás un par de hijos y vivirás toda una vida de felicidad hasta que te mueras de vieja. Eso es todo lo que necesita saber una persona como nosotras. Pero un gran artista como Volodya Vlashkin…, si quiere triunfar en los escenarios, tiene que practicar. Ahora sí que lo entiendo: para él la vida es como un ensayo.
Yo misma, cuando le vi en El suegro —un hombre mayor enamorado de su nuera una joven preciosa, el papel lo hacía Raisele Maisel—, no tuve más remedio que ponerme a llorar. ¡Qué cosas le decía a aquella joven, con qué dulzura le susurraba al oído, cómo reflejaba su rostro sus sentimientos…! Lillie, toda aquella experiencia la había tenido conmigo. Hasta las palabras eran las mismas. Puedes imaginarte lo orgullosa que me sentí.
Y, mientras tanto, esta historia se iba acercando a su fin.
La primera vez que lo noté, fue en el rostro de mi madre: la garrapatosa caligrafía del tiempo subía y bajaba por sus mejillas, por su frente. Hasta un niño hubiera podido leerla. Vieja, vieja, vieja, decía. Pero me afectó mucho más cuando vi esa misma letra, esa misma realidad, trazada en la maravillosa expresión de Vlashkin.
Primero se disolvió la compañía. El teatro cerró. Esther Leopold murió de vieja. Krimberg sufrió un ataque al corazón. Marya pasó a Broadway. Y Raisele se cambió el nombre, se puso Roslyn y tuvo un gran éxito haciendo papeles cómicos en el cine. En cuanto a Vlashkin, que no tenía adónde ir, se retiró."



El Poder de la Palabra
epdlp.com