El testigo ocular (fragmento)Ernst Weiss
El testigo ocular (fragmento)

"Me preguntó por mis experiencias y mi actividad en la guerra. Sólo le contesté que había estado en el frente como médico; del grupo de asalto no dije nada. Y sin embargo el poco tiempo en que fui soldado del grupo de asalto dejó en mi interior una huella mucho más profunda que el largo período en que me dediqué a las amputaciones, por no hablar ya de las ruinas de guerra mentales de P. Él dijo que allí —en la zona— le haría falta un médico católico joven y eficiente. Su parroquia le importaba mucho. Vi que me había equivocado al tomarlo por idiota. Dijo que el antiguo médico rural, al que todo el mundo quería mucho, había muerto de fiebre tifoidea en 1916, ejerciendo de capitán médico de la reserva en los Cárpatos con el ejército bávaro del sur; que los médicos jóvenes que habían hecho suplencias en el lugar habían sido llamados a filas uno tras otro, y que el último había realizado sus estudios de forma muy superficial, por lo que era tan inepto que no hacía mucho la mujer de un leñador del pueblo de Schrangen había muerto de parto. El niño, por desgracia sin bautizar, había «fallecido» también mientras el joven médico permanecía allí sentado mesándose los cabellos.
¿No tendría yo ganas de instalarme allí? Le dije que lo pensaría, y volví a casa con mi padre y Heidi.
En el breve tiempo transcurrido desde la muerte de mi pobre madre ya habían arreglado la casa a su gusto. Algunas cosas habían mejorado, lo reconozco, pues se trataba de personas amantes de la vida y del placer que no contaban con el más allá, por lo que querían gozar aquí de la máxima comodidad posible, se cuidaban y no tomaban nada en serio excepto su bienestar; estaban sanos y eran felices de vivir. Yo me mantuve apartado de ellos; cada vez tenía más presente a mi madre, y por la noche sucedió algo que no me había vuelto a ocurrir desde el primer año de la carrera: : mis labios se movieron, estuve hablando con ella, mucho rato, casi toda la noche, pero en voz baja, de forma que no pudieran oírlo ni Heidi ni mi padre, que estaban en la habitación contigua.
Luego me quedé plácidamente dormido, pero lo que no fue tan plácido fue el sueño que tuve. Soñé con un asalto contra los gurkhas, y de forma absurda pero sugestiva este asalto quedó enlazado con mis recuerdos de las amputaciones. Quería olvidar este sueño, pero no pude quitármelo de encima, ni siquiera durante el día. De manera que también para mí la guerra continuaba, y aún no había llegado la paz."



El Poder de la Palabra
epdlp.com