Adoro lo que me quema (fragmento)Max Frisch
Adoro lo que me quema (fragmento)

"Siguiendo la costumbre local, a Yvonne se la veía a menudo con un pañuelo rojo alrededor del cabello. Administraba su hogar con una valentía verdaderamente inquebrantable […]. Reinhart solo tenía que ir a buscar agua al pozo y, ocasionalmente, cortar leña; Yvonne no permitía que nadie más se encargara de encender el fuego. Agachada, con sus manos delgadas y un anillo de oro en la muñeca, preparaba la pira diaria. Cocinaba las verduras afuera, en su sillón de mimbre...
Al final, resulta ser la mayor violación a las mujeres, la única que realmente las lastimó, porque fueron coronadas con metas que no eran suyas, expectativas que no les eran propias: les infligieron violencia para liberarlas de la crueldad derivada de su anhelo natural, y los matrimonios se derrumbaron en masa...
[...]
Sentía Miedo a su recién descubierta libertad, miedo a que ya no la reconocieran como mujer puesto que había sido proclamada humana, miedo porque el hombre ya no manda sino que pregunta, ya no obliga sino que aconseja y reconoce su enigma, de modo que a partir de ahora se desespera ante su propio enigma, al no encontrar ya al hombre masculino.
El miedo a ser superior a los hombres: ese es Turandot, la princesa del cuento de hadas chino que decapita a los hombres, por la decepción y el dolor que siente al ser capaz de serlo. Por la ira que sienten, incluso cuando aceptan y se toman en serio sus acertijos femeninos; nadie que ría y rompa el hechizo de la solemne corte, nadie que venga, que cambie la mirada pensativa por la espada amenazante y simplemente lo abata todo, adueñándose de lo que quiera. Porque no quieren ser desenmascaradas, sino raptadas. ¿De qué le sirve a una mujer su mente liberada? Al final, siempre está esperando a alguien que tenga más, que pueda conquistarla, incluso intelectualmente.
Siempre es tan ridículo cuando la mujer es superior, y además tan agotador, ¿sabes? ¿Cuál es el resultado? Y luego, Dios mío, siempre la misma vieja historia: que no eres mujer, porque no puedes defenderte, porque simplemente ya no quedan hombres...
En lo sano, limpio, inmaculado, en la tierna firmeza de su torpe forma. Sus dientes, su piel suave, su pelo rizado de niño, que llevaba como un erizo rubio en la cabeza, todo en aquel patán se presentaba de una manera atormentadoramente perfecta, impecable como una buena manzana, tan perfectamente conformada como quizás Dios mismo había soñado que fuera el hombre."



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