Espejismo 38 (fragmento)Kjell Westö
Espejismo 38 (fragmento)

"El momento presente despedía un hedor ancestral, Thune sospechaba que era el hedor del sacrificio inminente.
Cuando era joven y estudiaba derecho, brotaba por doquier la creencia de que las personas que habían sido simples súbditos estaban convirtiéndose en ciudadanos mayores de edad. Por fin, se decían unos a otros; y aquella sensación se había extendido casi por toda Europa, era parte de una objetividad nueva, del agotamiento que había seguido a la gran matanza humana.
La gente desconfiaba de la guerra como el contrario, decidió creer que el ser humano podía cambiar.
Ahora, en cambio, se les exigía otra vez un odio ardiente contra enemigos reales e imaginarios.
Ahora se les exigía amor incondicional por una patria mítica, feminizada, un amor tan ciego e irremediable como el que profesa el topo a su madriguera.
La virgen Finlandia. La madre Suecia. Los lemas de los nazis sobre la mujer como la principal preservadora de la herencia genética alemana. Y qué presencia se intuía cuando Stalin reclamaba realismo artístico y hazañas industriales, si no la presencia de la madre Rusia, a la que Lenin se había esforzado por enterrar? Qué otra cosa podía significar, sino que, una vez más, volverían a sepultar bajo tierra los cadáveres de millones de jóvenes junto a los campos de batalla, tan cerca de la superficie que las ciudades olían a cadáver décadas después? La cuestión era simplemente dónde y cuándo empezaría el sacrificio.
[...]
La vida y los viajes y, sobre todo, los encuentros con otras personas, le habían enseñado que incluso los llamamientos a la lucha y los lemas más legítimos y sensatos en apariencia podían ocultar otra cosa. Y esa otra cosa, en el mejor de los casos, no era más que una impaciencia perfectamente comprensible, y la rabia por lo imperfecto del ser humano y de la vida en sociedad. Y la impaciencia había servido muchas buenas causas a lo largo de la historia, porque los jóvenes advertían por lo general la hipocresía y la podredumbre existentes en el mundo que los mayores habían construido y con el que tan codiciosamente se habían llenado los bolsillos.
Pero, por desgracia, también existían fuerzas reprimidas que, al expresarse libremente, constituían una amenaza a la convivencia pacífica de las personas.
Esos lemas estaban en ocasiones preñados de un deseo extático de pureza, un deseo tan abstracto que quienes lo perseguían no podían describir en qué había de consistir esa vida pura, sólo qué elementos sucios querían eliminar. O bien eran consignas cargadas de un deseo igualmente impetuoso de victorias incontestables, completas, y esas dos clases de deseos habían conducido al hombre en distintas épocas y circunstancias a abandonar sus instintos democráticos y ceder al desprecio y al odio de sus semejantes."



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