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La ciudad bajo el manto rojo (fragmento) "Había ido a la única dirección que conocía en Brasil, el apartamento de su profesor, donde le comunicaron de inmediato que no la esperaban, ni siquiera le dieron una habitación. Horas después, compadecidos de la extranjera de rostro pálido que se había quedado dormida en un sillón, le dijeron que por el momento podía acostarse en la habitación de la asistenta, una habitación oscura que daba al patio. Cuando despertó con el sonido de los tambores ya era de noche. No era capaz de distinguir dónde estaba. ¿En Estambul o en el avión? Los ritmos de quizás una docena de tambores, sonando con una armonía increíble, eran tan extraordinarios, únicos y vibrantes que provocaban el llanto… Una voz masculina triste y profunda comenzó a cantar. Una voz que, como si conociese todos los latigazos, fosos y ciénagas de la vida, solo podía ser de un negro y solo podía provenir de los suburbios. Entonces se dio cuenta, estaba en los trópicos, a orillas del océano, en el umbral de una vida completamente diferente, en Río de Janeiro. Quiso subir al primer avión y regresar de inmediato. ¡Pero aquella voz! Había sentido un deseo fuerte de correr descalza hacia el futuro, montar a caballo, sacar la espada y lanzarse a rienda suelta hacia los frentes abruptos de la vida… Seguro que era el sentimiento denominado «Alegría de vivir». Tragó los últimos sorbos de té con espíritu realmente bávaro. Su sed nunca se calmaba. Los días que la temperatura superaba los treinta y siete grados, tomase el líquido que tomase, tenía la boca como papel de lija siempre. Como si todo cuanto bebía fuese directo al estómago, sin tocar el paladar. Nunca había experimentado esta sed tropical." epdlp.com |