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El safari de los Binstead (fragmento) "Durmieron unas horas por la mañana en las camas separadas de la habitación del hotel, comieron en el comedor e hicieron planes para la estancia. Stan no había conseguido contactar con su amigo Jack, que, según la chica que había contestado el teléfono cuando lo había llamado, todavía estaba de fin de semana largo en el campo. En la ciudad era festivo o algo así, todas las tiendas estaban cerradas. Millie quería que cogiesen uno de esos autobuses turísticos; él dijo que no, pero que fuese ella, que él se quedaba en la habitación a leer los periódicos. [...] Al final, eso fue lo que hicieron. Atravesaron unos cuantos parques, vieron calles en forma de media luna y cornisas y plazas, todas preciosas, y Millie le preguntó al menos tres veces si no se alegraba de que se hubiera acordado de meter los paraguas en la maleta. Mientras caminaban bajo la llovizna, él pensó: «A veces todo va bien y de pronto pasa esto; he sido un necio. Debería haberme ido, sin más. Debería haber dicho: “Vete de vacaciones adonde quieras ir, mientras sea bien lejos de mí.”» Se perdieron, encontraron un restaurante italiano que estaba abierto y cenaron. Bebieron el doble de lo habitual y se emborracharon un poco, y salieron de nuevo a la calle algo aturdidos, pero sintiendo un entusiasmo mayor por Londres que antes. [...] El viaje no iba a convertirse en la segunda luna de miel con la que había empezado a ilusionarse la noche anterior. No había ninguna posibilidad. Tendrían que pasar ocho o diez meses más antes de que él decidiera que la deseaba de nuevo. Millie fue a un museo. Le gustaban los museos, pero siempre tardaba lo mismo en leer la información que en ver las cosas. «Este cuenco está decorado mediante un proceso conocido como cloisonné.» «Esta figura representa a la diosa Hathor.» «El enano del rincón probablemente sea el portador real de sandalias.» Había mucha gente por todas partes. Se subió a un autobús para regresar, pero se equivocó de dirección." epdlp.com |