La virgen y el gitano (fragmento)D. H. Lawrence
La virgen y el gitano (fragmento)

"El párroco adoraba a Yvette y la malcriaba con su desmesurado afecto hasta el punto de decirse: ¿acaso no soy un viejo blando e indulgente? Le gustaba tener aquella opinión de sí mismo, y Madre conocía al dedillo sus debilidades. Las conocía bien, y se apoyaba en ellas convirtiéndolas en adornos de su persona y su carácter. Él deseaba poseer una personalidad cautivadora, al igual que las mujeres desean poseer vestidos fascinadores, y Madre, astutamente, colocaba marcas de belleza sobre sus deficiencias y defectos. Su amor maternal le permitía hallar las claves de sus debilidades, y se las escondía con adornos. En cambio, “aquella que fue Cynthia”… Pero no la nombremos aquí. A sus ojos, el rector era casi un jorobado idiota.
[...]
En la familia existía una vieja tradición de lealtad: lealtad entre los hijos y, especialmente, de todos ellos hacia Madre. Madre era, por supuesto, el eje de la familia. La familia era una prolongación de su propio ego. Por supuesto, ella lo cubría todo con su poder. Sus hijos e hijas, siendo débiles y poco coherentes, eran, naturalmente, leales. Fuera de la familia, ¿qué podían esperar ellos sino peligros, insultos e ignominia? ¿No lo había comprobado ya el párroco en su matrimonio? Así que ahora, ¡cuidado! ¡Cuidado y lealtad al enfrentarse al mundo! Odio y fricciones dentro de la familia, tantas como se quiera; y para el mundo exterior, una tenaz muralla de voces al unísono."



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