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Alba Grey (fragmento) "Habían llegado por la tarde, hacía ya varias horas, pero aún no les había sido posible ver al enfermo. Estaba tan postrado aquel día, que el doctor Bargoni no le permitió recibir visitas, temeroso de que el menor esfuerzo le fuera fatal. Todos sabían, naturalmente, que se estaba muriendo; también lo sabía él. [...] Laura Cristina dio, pues, con su generación, tal salto hacia el futuro, que quedó situada ante sus padres en el lugar que tal vez hubiera correspondido a sus bisnietos. Recién casada, perteneció a aquella juventud ambiciosa, dura y valiente que se formó a sí misma entre el estruendo de los cañones, el derrumbamiento de un mundo que parecía indestructible y el nacimiento de otro que se impuso con el primer vagido. Una juventud que era romántica detestando la palabra "romanticismo", desengañada mientras aseguraba sinceramente que jamás volvería a haber guerras ni injusticias; sometida con fanatismo a las normas por ella misma creadas, a la vez que sostenía que la vida del hombre, como sus ideas, debe ser flexible, fluctuante, abierta y porosa. Una juventud que creía en la juventud, en la nueva civilización, en el individuo, en la vida, en la salvación de la Humanidad, y se llamaba a sí misma escéptica y decía estar de vuelta de todo. Una juventud, en fin, simpática como tal vez ninguna lo haya sido tanto, audaz, nerviosa, curiosa, cínica en sus manifestaciones, ingenua en sus procedimientos, humorista, antiteatral. Pero chocante e incongruente en un grado máximo." epdlp.com |