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Vaim (fragmento) "Ea, dije, ya estamos aquí, dije, y me acaricié la barba, esta barba encanecida, porque joven desde luego ya no era, pero viejo tampoco, entrado en años quizá podría decirse, pues sí, un hombre entrado en años, ni más ni menos, y estas excursiones a Bjørgvin se iban a tener que acabar ya, qué sentido tenía ir hasta allí, atracar en el Muelle de Bjørgvin y no aprovechar el tiempo más que para ir a tabernas y a cafés, preferiblemente a El Pájaro, como llamaban a ese sitio, pero también al Mercado de Abastos y al Último Barco, y a la Cafetería, el caso es que nunca pasaba de echar el rato en lugares como esos o de echar el rato en la cabina del barco, bueno, el primer día, o los primeros días, sí había siempre algo que comprar, siempre, una cosa u otra, esto o aquello que había pensado que podía hacerme falta y que había apuntado en una hoja que tenía sobre la mesa del salón de casa, cosas que no vendían en el Bazar de Vaim, pero que podían venir bien, podía ser cualquier cosa, bueno, con el tiempo había juntado todo lo que necesitaba y más, pero aguja e hilo negro para coser botones sueltos sí tenía que comprar este año, aunque la verdad es que era mucho más complicado de lo que cabría imaginarse comprar una sola aguja de coser y un solo carrete de hilo negro en la ciudad de Bjørgvin, en la segunda ciudad más grande de Noruega, era casi increíble lo difícil que resultaba, casi parecía que los comerciantes y las tenderas no estaban interesados en vender algo tan pequeño como una aguja de coser y un carrete de hilo, porque había ido de tienda de confección en tienda de confección y en ningún sitio vendían esas cosas. [...] ...y saqué dos billetes de cien y un billete de cincuenta y los puse sobre el mostrador, sin decir una sola palabra puse el dinero sobre el mostrador y apenas los hube soltado ya estaban los billetes en manos de la mujer, y allí estaba yo, mirando como un tonto el carrete con la aguja insertada en lo que quedaba del hilo negro, y la que era propietaria de esa tienda de confección de Bjørgvin no dijo nada y yo tampoco, no pensaba concederle el gusto de una respuesta, y el hijo, el del traje negro y la corbata rosa ¿dónde se había metido? eché un vistazo por la tienda y la tienda era grande y elegante, eso había que reconocerlo, y allí, al fondo del local, y delante de un espejo, allí estaba el hijo acicalándose, alisándose el pelo con la palma de la mano, enderezándose la corbata, estirándose en toda su estatura y poniéndose tan esbelto como podía, y yo me metí la bobina y la aguja en el bolsillo y pensé que ahora, ahora tengo que largarme de esta maldita tienda cuanto antes, y enfilé hacia la puerta sin decir palabra y a mi espalda oí a la madre y al hijo decir al unísono vuelva cuando quiera, gracias por su compra ¿no desea o necesita nada más el caballero? vuelva cuando quiera y gracias por su compra, oí, y era como si las palabras siguieran resonándome en los oídos incluso al salir a esa calle de Bjørgvin, y nunca, nunca jamás, volvería a poner un pie en esa tienda de confección, nunca jamás, pensé, porque nunca en toda mi vida me habían estafado tanto, pensé, y ahora tendría que ir pensando en volverme a Vaim." epdlp.com |