Al acecho (fragmento)Noemí Sabugal
Al acecho (fragmento)

"Era capaz de leer durante un día entero, apenas levantando los ojos de las páginas para beber un poco de agua. Su madre no lo aprobaba. Me contaba que movía la cabeza con disgusto cuando la veía pegada a la ventana, apurando las últimas horas de luz. Devoraba todo lo que caía en sus manos, era insaciable, y por eso había que tener cuidado.
Algunas novelas se las pasaban sus amigas, de tapadillo. Eran novelas de amor y las tenía muy bien escondidas bajo el colchón. Sabía que no me gustaba que leyera eso, pero me lo contaba de todas formas, buscando mi complicidad. Yo fruncía el ceño aparentando estar enfadado, pero acababa sonriendo y atendiendo a su cháchara sobre el libro.
Un día le pedí que me trajera una, no recuerdo el título. Leí dos o tres páginas del principio, la hojeé por la mitad y revisé las diez últimas. Su inocencia me hizo sonreír. Era una de esas novelas sentimentales pensadas para las niñas; ya sabe, ligeramente melancólicas y llenas de galanes graves que se parecen a papá. Se la devolví sin aprobarla. Me preguntó qué me había parecido, pero no quise responder. No deberías leer esos libros, le dije. Ella se quedó muy seria, casi triste. Después asintió con la cabeza y prometió que no volvería a hacerlo. Mentía, por supuesto. No me importó porque no vi ningún perjuicio en aquello, pero después me eché la culpa de muchas cosas. De todas formas, siempre intenté encauzar sus lecturas y le proporcioné los libros convenientes. Sé que a veces me los devolvía sin haber leído ni una frase pero, como ya le he dicho, no me importaba. También le gustaba escribir. Poemas. Eran composiciones sobre el mar, que le impresionó cuando lo vio por primera vez en San Sebastián, y el cielo y sus aconteceres: lluvia, el amanecer, estrellas... Tenía, sin duda, una cierta sensibilidad."



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