El último muelle (fragmento)Helena Marques
El último muelle (fragmento)

"Y cuando, por casualidad, regresaban al campo para el funeral de un abuelo o para acompañar a una madre enferma, la nostalgia por la familia, los vecinos y el lugar pronto se veía satisfecha, y pronto anhelaban volver a la ciudad, a la pequeña habitación del ático, a la charla de sus compañeras, a la autoridad sobre las tareas domésticas, a las efusiones de las señoras, a las pequeñas notas de las muchachas y sus cortejos.
(…)
Algunas de las solteronas se casaron, cambiando su posición de mando y confianza por la oportunidad de tener su propio hogar cuando aún tenían tiempo de tener media docena de hijos.
Recibieron la bendición y los regalos de los amos, se convirtieron en costureras o jornaleras, continuaron frecuentando las casas y participando en la vida de las familias.
(…)
Si en lugar de sentirse despreciados y tolerados como trastos necesarios o animales domésticos indispensables, sienten que en la enfermedad, en la adversidad, en el trato diario, son considerados como seres humanos y como tales reciben ayuda, consuelo y respeto —sí, respeto, porque todo ser humano tiene derecho al respeto de otro ser—, ten por seguro que pronto esta influencia moral se hará sentir de forma beneficiosa en el organismo interno del hogar."



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