Vuelo a la sombra (fragmento)Anna Ruchat
Vuelo a la sombra (fragmento)

"La espera es un pensamiento libre de todo género de conexión, una cinta extendida entre cielo y tierra. La niña se concentra y no sale de sí misma. Alrededor suceden cosas, ella está presente, pero su horizonte es todo interno [...] Es un principio de dolor. Pero ese dolor es un robo y Sofía no lo quiere sentir. Es como si fuera el dolor de otro que ella ha usurpado. Se lo explicó la mamá: ella era demasiado pequeña, ella no tiene recuerdos y por lo tanto no puede tener nostalgia, no puede sentir la falta de una cosa que nunca tuvo. La nostalgia, la falta son el verdadero dolor de la pérdida. Por eso ese dolor suyo es insensato. Solo la mamá experimenta auténtico dolor, ese agudo y cortante de la tragedia. La causa principal del accidente Sofía lo sabe y por eso no quiere perderla de vista, tiene miedo de que en su ausencia pueda olvidar incluso por un solo instante la peligrosidad del dolor, la causa principal del accidente, que el dolor pueda atacarla por la espalda y llevársela. Sofía de noche duerme, pero si se despierta y mamá no está a su lado se levanta del apartamento no grande, porque de allí se ve la luz de la habitación donde trabaja mamá. Una lámpara con brazo de metal, fijada a la mesa con un tornillo, ilumina un tablero apoyado sobre caballetes. El brazo, un hombro, una mano de la mamá. La mamá de noche mientras trabaja escucha Mozart en discos de vinilo o en cintas grabadas.
[...]
No es que yo sea joven, sino que hay en mí algo roto, inadecuado y defectuoso. Vuelo porque no sé caminar entre la gente...mientras que yo no me siento nunca a la altura de las circunstancias: los demás seres humanos me intimidan y me abochornan, en todas las situaciones me quedo en el umbral y trato de disimular con el silencio mi inadecuación. Necesito continuamente salir de mi universo; no trasladarme, ir a otra ciudad, a otro país, sino alejarme del circulo de las cosas humanas por mí conocidas; busco la soledad, en cierto sentido busco la concentración, para evitar perderme, despedirme. Por eso me gusta nadar. Y volar: la cabina es un pequeño mundo estable y tranquilo...Ya está oscuro y debe de hacer incluso mucho frío aquí entre las montañas. Pero yo no siento frío. Ni hambre ni sueño. No siento nada. Se está bien así, sin dolor. Sin melancolías ni carencias y sin esperanzas...Cuando un avión se vuelve loco, escribe William Langewiesche, los pilotos tienden a pensar no en Dios ni en sus vidas, sino en soluciones, así tiempo y espacio se dilatan. Langewiesche escribe más adelante citando a J.B.Jackson: Se abandona la perspectiva usual, el modo usual de ver y sentir el mundo, en la fase de impulso nos convertimos en el centro de un universo móvil y abstracto. Todos los nervios, todos los músculos del cuerpo están involucrados. Si logramos aprovecharla, es una experiencia casi mística: por un instante la identidad parece a punto de desvanecerse."



El Poder de la Palabra
epdlp.com