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El país secreto (fragmento) "Ya no podremos traer más adormideras para el dolor de muelas. Ya no tenemos quinta, fue cuando la instancia de los testigos, cuando se produjeron aquellos interrogatorios devastadores y se hizo bailar en la cuerda floja a una cantidad enorme de testigos. La razón resplandece después de estos apremios, después de cada uno de estos arremetimientos en que el señor Manent ha resultado maestro. Angelina escucha detrás de la puerta del escritorio y tal vez espera ver salir las centellas que irán a fulminar a los traidores. Ya han paralizado el habla ladina del señor Fortuny y de otros más. Diga el testigo quién le regaló el abrigo que lleva puesto, diga el testigo cuántas veces el señor Manent le sirvió de garantía para operaciones bancarias y locación de vivienda, diga también quién le obligó a acudir al lecho de su desventurado padre que desfallecía en el peor abandono material y espiritual. Y diga esto y diga aquello, Fue admirable. Y diga este otro testigo si mostrando su mano recién mutilada por una quina no rogó al demandante que velara por su familia, y diga cómo él así hizo, cómo fue sensible a su desesperación. ¡Mi mano derecha, señor Manent, mi mano derecha! Todos los empleados infieles desfilando, cabizbajos, descubierta su ingratitud y su inmoral sometimiento a la Company. Días de nerviosismo y esperanza. De triunfos. No podrán con esta andanada, dice nuestro procurador dando un vistazo a los nuevos interrogatorios. El doctor Aménzuga se arrancará mechones de su melena. El bufete más caro y prestigioso de la ciudad conmocionado por un hombre sin título y sin experiencia en leyes. Pero que lleva la razón sobre su frente como una estrella." epdlp.com |