El hombre por nacimiento y la mujer por el pueblo (fragmento)Marie Sophie Schwartz
El hombre por nacimiento y la mujer por el pueblo (fragmento)

"Transcurrió algún tiempo, durante el cual la condesa atribuyó sus náuseas al no poder ver a Stephana y Jacobo dentro, ni salir al gran salón. Stephana comprendió perfectamente el comportamiento de aquella orgullosa dama, que significaba un recordatorio silencioso de que toda relación íntima con la humilde hija del marinero había terminado. Era inconcebible que la condesa Romarjjerta pudiera relacionarse aún con tanta familiaridad con una mujer del pueblo. ¿De qué servían su riqueza, su educación, su carácter noble y excelso, si provenían de padres humildes? Ella era y seguiría siendo una plebeya, sin importar cómo se la juzgara.
Jacobo había viajado a la capital y se esperaba su regreso.
El conde había estado haciendo viajes incesantes y de corta duración por la zona desde aquella noche, cuando se planteó la cuestión del origen de Stephana y Stephana era muy consciente de que él también estaba evitando una reunión. ¿Se debía también al orgullo que sentía por sí mismo, o a que el comportamiento de su madre lo atormentaba? Estas eran las preguntas que se hacía continuamente Stephana. La única persona que permaneció igual, y que siempre que podía robarle un momento a su madre, se lo concedía a Stephana, era Helfrid. Era evidente que la joven se sentía atraída por Stephana y que parecía estar a gusto en compañía de aquella joven encantadora y singular.
[...]
Una hora más tarde, Stephana lo vio, con la cabeza bien erguida, cruzando el patio y acercándose a la condesa. Su frente permanecía tan lisa y serena como siempre, y nadie podía leer en su rostro que ahora no tenía nada más para mantenerse a sí mismo y a su familia que lo que él, un hombre de buena cuna, ganaba al servicio de una mujer del pueblo.
Ahora siento verdadera simpatía por él; muestra una verdadera fortaleza interior, y al haber sido puesta a prueba, su orgullo también ha desaparecido. Ha soportado la adversidad con entereza. ¿Debería dejarse arrastrar por esa misma suerte? pensó Stephana. Ya veremos, añadió, y buscó a Jacobo para ir con él a Akersnäs y allí echar un vistazo a la nueva construcción de viviendas para los trabajadores.
Quería echar un vistazo a la condesa de pasada. Cuando Herman entró en la habitación de su madre, la encontró ocupada con una aguja marcando la ruta que tomaría para llegar a Italia. La condesa sonrió a su hijo y le ofreció su mustia mano."



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