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El tumulto de las bestias (fragmento) "No sabía echar la cuenta de cuántos cigarros había encendido desde que zarpó de Numazu a las nueve y media de la mañana. Sus ojos no soportaban el burbujeo de la luz solar sobre la superficie del mar. El extenso panorama del mundo exterior no era todavía para él nada más que una ambigüedad, una sucesión de fenómenos indiferentes brillando sin fin. Volvió a pensar en la luz de aquella ventana. … Una luz lacerante. Dividida en cuatro a la manera de una cruz y cada cuadrante dividido a su vez verticalmente en cuatro. No podía haber nada más atroz que contemplar la mutilación de esa luz sagrada. Kōji la amaba, pero tan solo pasaba a su lado entre una multitud. Un poco más allá estaban los baños, ya la entrada debían esperar en fila su turno. Cada tres minutos llegaba del interior un sonido lúgubre seguido de un rumor sordo y pesado del agua que, al resonar audazmente, permitía intuir la dureza untuosa del agua caliente, su color de flores marchitas. En el suelo de entrada del amplio vestuario había dos líneas pintadas en verde numeradas del 1 al 12. Allí esperaban un total de veinticuatro hombres formando dos filas. Cada tres minutos, un aviso sonoro. El olor del agua. De tanto en cuanto el golpe de la carne contra el suelo al resbalar seguido de unas risas contagiosas que se apagaban en un instante. Tres minutos. Un aviso sonoro. Los hombres que esperaban se desnudaban y dejaban la ropa en los estantes para acercarse a la puerta del baño, donde regresaron a colocarse sobre los números correspondientes pintados en el suelo a lo largo de dos líneas paralelas pintadas de amarillo en esa ocasión." epdlp.com |