Lluvias amargas (fragmento)Alexandru Vlad
Lluvias amargas (fragmento)

"El horizonte comenzaba a empañarse, a perder su luminosidad, como una botella a la que se le sopla y el vapor se condensa. Pero los vientos frescos y fluidos, con olor a lluvia, habían cesado. Aquel remolino permanente sobre nuestras cabezas había desaparecido.
Pompiliu sintió que aquella humedad fresca le calaba hasta los huesos, una frialdad que no se sabía si era frío o humedad. Digamos que el mundo entero no sería más grande que eso. Es decir, este asentamiento tal como es, entre colinas y bosques, entre aguas ahora, con casas, calles, iglesia y taberna, con gente buena y mala, en la que él también tenía su lugar por distribución. Cada uno se retiraba a su casa por la noche, como en los asentamientos hititas, y al amanecer salía para retomar las ocupaciones de su vida. La concreción de esta imagen casi le hizo perder el aliento. La concreción de las cosas, en general. Dios mismo, si existe, los estaría observando, lo vería cruzar el patio y entrar con la esposa de Potifar, vería a Alexandru tratando de mantener al pueblo bajo su poder como un faraón, vería a Brodea resignado a ver a sus gallinas devorarse de hambre. (…) Él velaría por las cosas con su ojo triangular, las nubes no serían un impedimento."



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