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El self armónico (fragmento) "LOWELL En tu cabeza pasaron días; y la sensación de haber visto conejos en la nieve afuera, y luego accidentalmente dibujados como manchas o trapos bajo tu ropa desparramada en aquella habitación donde descubriste que la depresión no te abandonaría nunca. No estás lleno de odio, sino todo lo contrario. Estás coleccionando agonías como un tatuaje de vidrio gigantesco que propague la neblinosa longitud de tu propio fantasma. Vas a salvarte escribiendo como un raro artefacto cuyo ritmo de lactancia nadie escucha. Vas a salvarte escribiendo como un raro artefacto incapaz de sugerir la duración de su grito. Incurable, entre las luces y los alimentos envenenados del mundo. Así sabrás imprimirte los días, su mística ajenidad de bloque de hielo. Todos lo hacen. Ocuparás un puesto entre un punto y su desfile de puntos. Partituras descabelladas bajo una rúbrica eléctrica. Y harás de tu lenguaje tu abundancia. PLATH Esto no se calcula –dice la nuez en mi cráneo. Esto –la escritura– es incalculable. Es incalculable el dedo asimilando el horizonte. El cuchillo de plata, en mi apellido, rebanando la vaca de la luna. El poema que es el monstruo enloquecido, echado sobre el lecho, de barba esquizofrénica, perdiéndolo todo. El poema que es el monstruo y la razón del sueño de una herida vuelta puro significante. Herida vuelta toda disolución, portal y precioso vacío pateando la puerta. Si estoy viva es gracias al poema. Si aún vivo es gracias a ese monstruo, de barba esquizofrénica, que está pateando mi puerta mientras sigo respirando como un fantasma entre las costillas de una boca que no es mía. SEXTON Sabes por los huesos que vives en un país inmaterial, sumergido en el charco de tu propia sangre. Sabes por los huesos, tachados como la luz cúbica de tus ojos acumulando telas de ceniza más allá de sus órbitas, recortadas para siempre en la memoria, que no saborearás la felicidad en el bosque de otro cuerpo inexplorado. La verdad, eso no importa. Qué fue la felicidad sino un golpe de platos hipnotizados con fines de lucro. Qué fue la felicidad sino un colirio verdinegro empañando la obra en imágenes del cielo de Boston lleno de tramos blancos, como pomos políticos de nieve, sobre los árboles despellejados de una estación a otra. Tú vas a escribir –enferma y encorvada sobre una torre de libros– para comprender que nunca más la realidad estará frente a ti. Vas a escribir de este país inmaterial secuestrada como un lirio bajo un montón de hielo." epdlp.com |