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Mujeres sin hombres (fragmento) "En un tramo desierto de la carretera de Karadj, Munis se topó con la lujuria desenfrenada, aunque sabía lo que era antes de experimentarla. El problema era que tenía una conciencia ilimitada de las cosas, una conciencia que le infundía una cautela excesiva, haciéndola temer que cualquier acción la llevara a la ignominia, a la humillación. Esto creó en ella el deseo de ser ordinaria. Sin embargo, en realidad no sabía lo que significaba ser ordinaria. No sabía que significaba no amar a una lombriz, no arrodillarse ante el altar de hojas marchitas, no orar al canto de una alondra, no escalar una montaña para ver el amanecer, no pasar la noche en vela contemplando la Osa Mayor. No diferenciaba entre la tierra y la grava, pero sí distinguía la tierra del cielo. No había visto los cielos de la tierra, pero sabía que existían las tierras del cielo. Se veía a sí misma en un inevitable proceso de estancamiento. Ya estaba parcialmente podrida por dentro." epdlp.com |