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El hijo eterno (fragmento) "Sí aún conservaba su don para el comercio, detrás de un mostrador. Pero no: eligió reparar relojes, la fascinación infantil por los mecanismos y la inútil delicadeza del trabajo manual. Y sin embargo se siente optimista: sonríe, viéndose a sí mismo desde arriba, como en la caricatura imaginada, ahora una figura real. Solo en el pasillo, toma otro sorbo de whisky y comienza a ser invadido por la euforia del padre primerizo. Todo encaja. Una imagen promocional, y se ríe de la paradoja: casi como si el simple hecho de tener un hijo significara la inmolación definitiva al sistema, pero eso no es necesariamente malo, siempre y cuando seamos "íntegros", "auténticos", "verdaderos", todavía le gustaban esas palabras grandilocuentes para sí mismo, la mitología de los poderes de la pureza natural contra los dragones del artificio. Ya empieza a desconfiar de estas totalidades retóricas, pero le falta el valor para romper con ellas; de hecho, nunca se liberó del todo de ese mundo imaginario, que, en el fondo, significaba mantener los pies en la tierra, atento, en cada momento de la vida, para no ser devorado por el poder violento e inagotable de lo común y la impersonalidad. Era necesario que la «verdad» emergiera de la retórica y se transformara en una inquietud permanente, una breve utopía, un destello en los ojos." epdlp.com |