Al filo de la tristeza (fragmento)Edwin O'Connor
Al filo de la tristeza (fragmento)

"Hay gente en esta ciudad que piensa que Charlie es el hombre más mezquino que jamás se haya puesto unos pantalones. No es así. En toda su vida nunca ha hecho nada malo solo por el gusto de serlo. Primero, no hay dinero de por medio. Segundo, no es su estilo en absoluto. Charlie no es el tipo de persona que te clava el pulgar en el ojo solo para que te pique. Pero digamos que un día entras en su inmobiliaria para comprar un pequeño terreno que vale quizás diez dólares, y Charlie, siendo tú un viejo amigo, es lo suficientemente amable como para vendértelo por cien. Y digamos que vas a salir por la puerta con tu pequeño tesoro bajo el brazo, y Charlie sale corriendo de detrás de su escritorio para ayudarte a ponerte el sombrero, solo para seguir siendo amable. Y digamos que justo en el momento en que te tiene el sombrero en el aire, listo para ponértelo, giras la cabeza de repente y te clava el pulgar justo en el ojo; bueno, ese es el tipo de cosas que alegran el día a Charlie. ¡No solo te ha engañado dejándote sordo y mudo, sino que casi te quedas ciego en el intento! ¿Qué hombre sensato podría pedir más? Te digo, para Charlie son los pequeños detalles los que más importan. Son la prueba, ¿no lo ves?, de que Dios está de nuestro lado. ¡Que está allá arriba sonriendo en el cielo, preparando el glaseado para los pasteles que hornea su socio Charlie!"


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