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Mis pobres padres (fragmento) "Mis padres ven la televisión por cansancio, para llenar el vacío. A veces por separado: mi madre por la mañana, ocupada en la cocina con la respiración agitada de sus noventa y seis kilos; mi padre por la noche, con los tobillos apoyados en una segunda silla. Descalzo, con la cabeza echada hacia atrás y la boca entreabierta, se despierta sobresaltado, sigue el programa durante diez minutos y luego vuelve a caer en una somnolencia enfermiza. Es inevitable notar la necrosis en sus dedos gordos del pie: está empezando a morir por los dedos. La inteligencia con la que fueron dotados se ha atrofiado por la falta de material en el que desarrollarse y ha tomado caminos diferentes en cada uno de ellos. En mi padre, se ha convertido en una auténtica obsesión por madrugar: al principio, como por trabajo tenía que ir a ver clientes a la hora del almuerzo, simplemente adelantó la comida de la una al mediodía, y mi madre se adaptó; luego, progresivamente y sin que nos diéramos cuenta, empezó a esperar para comer a las once, a las diez, a las nueve y media. Ahora, cuando los visito y me levanto para ir a la cocina sobre las nueve, lo encuentro delante de un plato de rigatoni con salsa, que me pregunta si quiero probar. Como resultado, la cena es a las cuatro y media o a las cinco, y después se pasa el día viendo la tele hasta las dos de la madrugada. A estas alturas apenas duerme, se levanta a las seis y el ciclo vuelve a empezar. Dice que hace todo tan temprano para "despejarse la mente". La inteligencia putrefacta de mi madre se ha guiado principalmente por el rechazo: las mujeres del edificio que van a jugar al bingo son "viejas tontas"; en los centros comerciales a los que mi padre quiere llevarla, "no hay nada que ver"; los que buscan celebrar funerales en la iglesia "quieren engañar incluso a Nuestro Señor". Le gustaría que la tiraran a la basura para no ser una molestia y no hacer pagar a nadie por nada. Aferrada a su rencor como un náufrago a una balsa: "Has vuelto a engordar", dice cuando me giro para entregarle un regalo a mi hermana, una joya afgana que "le romperá el cuello". Todo está sucio o enfermo, el gato que sube y baja las escaleras tiene sarna, no existen las opiniones coincidentes. ("si yo digo naranja, tú dices manzana")." epdlp.com |