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4 de julio (fragmento), de Presente imperfecto "Desde el momento en que se conocieron, a Eduardo le llamó la atención la singular belleza de aquella chica de veintipocos de la que Jana le había hablado maravillas y cuya diligencia era tan sobresaliente como sus rasgos. Atlética y muy alta, con brazos largos y fibrosos que contrastan con un rostro aniñado y de facciones redondeadas, que la hace parecer aún más joven de lo que realmente es. Ni su ropa deportiva, a menudo en colores claros —según le ha confesado con coquetería a Eduardo, cree que resaltan su musculatura—, ni el modo en que se dirige a él, como si fuera una nieta que nunca ha pedido tener, desmienten esa primera impresión. Solo sus ojos, grandes y profundos, revelan su verdadera edad, especialmente en los momentos en que escudriñan a Eduardo en busca de una conversación que él, de momento, evita. A él también le divierte la obcecación con que Amira trata de sonsacarlo, aunque jamás lo reconozca. Admitirlo supondría alejarse por un instante de la amargura en que ha logrado instalarse y no está dispuesto a renunciar a esa guarida en la que busca cobijo en fechas como este 4 de julio que lo devuelve, contra su voluntad, cincuenta años atrás." epdlp.com |