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La bella de Moscú (fragmento) "En lugar de responder, se lanzó de cabeza. Gemía y jadeaba ruidosamente mientras gateaba. El camino era resbaladizo. De vez en cuando, en la oscuridad, chocaba con objetos tensos y elásticos que se balanceaban como dirigibles a la deriva, cediendo a regañadientes y alejándose flotando. El olor denso y arremolinado era desalentador, pero se aferró y siguió gateando, murmurando nombres en latín entre dientes, con la intención de desencantar el mundo sombrío y depredador de la misteriosa cámara, de darle al laborioso movimiento el carácter de una misión científica. La perseverancia, la experiencia y la fe en el latín médico fueron de gran ayuda. Tras deslizarse con cuidado por una grieta entre piedras cálidas y burbujeantes que parecían odres de vino caliente o moluscos, pues poseían vieiras, vieiras y ventosas de aspecto bastante desagradable que no cesaban en su movimiento errático, balanceándose sobre delgados tallos, y después de haber superado a salvo las mencionadas ventosas, aunque para ello tuvo que arrancar varias de raíz, provocando que los moluscos supuraran sangre, llegó a su destino y, sobrecogido involuntariamente por una intensa emoción, admiró la vista que se desplegaba ante él..." epdlp.com |