Patria (fragmento)Zordun Sabir
Patria (fragmento)

"El huerto de Mingbeg era sencillamente idílico. Estaba repleto de olmos, y los grandes álamos parecían albergar a todos los cuervos del mundo en sus ramas. Los hermosos cantos de oropéndolas y cuclillos flotaban en el aire, y los conejos salvajes saltaban alegremente. Este huerto bien podría haber sido uno de los bosques mágicos de los cuentos de hadas. Un arroyo lo atravesaba. Las calabazas que crecían en sus orillas se extendían de un lado a otro, formando un puente y un columpio natural. Moras blancas brotaban de los troncos huecos de los álamos; probablemente llevaban allí dando fruto cientos de años. Los prados entre los densos matorrales de manzanos eran aún más celestiales; dormir allí era como estar arropado, y revolcarse en el suelo era como revolcarse sobre plumas; si uno se tumbaba boca arriba y miraba al cielo, el mundo se convertía en un lugar encantado…
Nuri apartó la mirada tímidamente hacia el arroyo cercano. Las ramas curvas del sauce, cubiertas de rocío, parecían besar las aguas doradas y cristalinas. Una bandada de pájaros revoloteaba desde la espesura, compitiendo en canto frente a las ramas de un viejo olmo. La zeynep, cansada de llamar a su amado, suspiró un exhausto «cuckkook ka… ka… cuckkook». Un semental relinchó nervioso desde un lugar desconocido. Los goraldays, gavilanes y halcones comenzaron a clamar desde las ramas más altas de los álamos, y las palomas se elevaron hacia las profundidades del cielo azul en formaciones de flores. Era como si todos los esplendores de julio se hubieran manifestado en ese instante. La venerable Naturaleza, que se había consagrado a brindar paz y consuelo a la humanidad, por razones desconocidas, aplaudía a sus hijos con un amor infinito."



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