El verano eterno (fragmento)Fränziska Gansler
El verano eterno (fragmento)

"Las precedí a través del pequeño comedor y salimos al jardín por las puertas de la terraza. Una baja pasarela de madera, al estilo de una veranda japonesa, llevaba de la terraza a las habitaciones. En el centro estaba el estanque de los peces, junto al cual se alzaba el pequeño arce ornamental, con las hojas de un rojo brillante. Un joven gato gris se deslizaba entre los juncos resecos, se detuvo y nos miró fijamente.
Sabía que a la mayoría de los huéspedes les sorprendía aquel jardín. Desentonaba con el resto del hotel, con el oscuro vestíbulo, con el comedor con los muebles de madera y las cortinas verde oscuro, y con su nombre, que, en una muestra de falta de imaginación, era el mismo que el del pueblo: Hotel Bad Heim. Mi abuelo había diseñado el jardín de esa manera, durante un verano que mi madre y yo pasamos aquí. Yo estaba entre primero y segundo curso y a mi madre le encantaba todo lo japonés. Casualmente, el jardín se adaptaba bien a nuestro tiempo, porque aparte del estanque apenas necesitaba agua.
El cielo se nos echaba encima desde el bosque. Mientras andábamos por la pasarela me di cuenta de que la mujer se había detenido detrás de mí. Vi que miraba las columnas de humo marrones que se levantaban desde el fuego, al otro lado del río, donde el bosque era casi todo de coníferas. Me pregunté si era posible que no supiera nada de los incendios, si habían acabado aquí por alguna casualidad. Para quien no estuviera acostumbrado o no contara con ello, aquella visión tenía que resultar bastante amenazadora."



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