Yo fui santa (fragmento)Juan Luis Cano
Yo fui santa (fragmento)

"Mi hermano se quedó sordo de una bofetada que mi madre le propinó poniendo la mano hueca, provocando que se le hiciera el vacío en la oreja. Dijo que le había estado pitando la cabeza por dentro durante tres días y que casi se vuelve loco. Desde entonces odiaba los trenes y a los árbitros a los que insultaba, sin tregua, durante los partidos del equipo del pueblo. Cada vez que el árbitro hacía sonar su silbato mi hermano le arrojaba, desde la tapia a la que nos subíamos para ver los partidos sin pagar, su colección de maldiciones. Le insultaba si pitaba falta, si pitaba gol, si pitaba el final o si pitaba el principio, le insultaba por el hecho de pitar, pero le gustaba el fútbol por encima de pitidos y árbitros. Siempre pensé que las broncas de mi madre a mi hermano le afectaban la mitad, porque solo le entraban por un oído, así que, en cierto modo, le tuve media envidia durante bastante tiempo. Esa tara estuvo a punto de costarle la vida una tarde cuando se disponía a cruzar las vías del tren frente al «Cargue». Yo era capaz de identificar qué tren era el que se acercaba, solamente, por el ruido que le precedía. El más habitual era uno al que llamaban el Mixto, porque transportaba, carbón, mercancías y pasajeros, pero el que casi se lleva por delante a mi hermano fue el Rapidillo que, con sus tres vagones, pasaba frente a nuestra casa como una centella de estela de polvo negro. En la zona por la que iba a cruzar mi hermano las vías desaparecían de la vista hasta que uno no estaba encima de ellas, porque entre las tapias de las casas, los árboles y las vallas de las huertas, la máquina del tren surgía de repente, como una aparición."


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