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Marcelo (fragmento) "El desventurado guerrero se había curtido en la primera guerra de Irak, la de Bush padre y, con la inestimable ayuda del combinado de aguardiente de caña y limón y el sosiego que le proporcionaba la sensación de cercanía del extraordinario barman, se había atrevido a lo largo de los años a irle confesando a Marcelo algunos de los pecados mortales cometidos durante la campaña de liberación de Kuwait. —Con tanquetas transformadas en buldóceres empujábamos la arena del desierto e íbamos enterrando vivos bajo nosotros a los soldados iraquíes pertrechados en las trincheras. Al pasarles por encima, los gritos desesperados de aquellos pobres miserables se transformaban en un silencio atronador cuyo eco me persigue todavía cada noche. Créalo. A Marcelo se le escapó una lágrima. Echó mano de la bayeta y simuló que el jugo de un limón le había salpicado el ojo. El ecuatoriano nunca estuvo en una guerra, pero sabía por muchos compadres puertorriqueños enviados al Vietnam que, en esas circunstancias, la vida de un ser humano vale siempre menos que la bala que ha de terminar con ella. Y que nadie gana. Aquella primera tarde en que Caipiriña se estrenaba como civil fue distinto. El que quería llorar, fruto de su desesperada frustración, era el militar." epdlp.com |