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El mal menor (fragmento) "Me trajo una jarra entera de jugo de naranja sintético, muy dulce. La generosidad me asombró, porque debía ser la bebida que guardaba para ella. Le di cinco dólares de propina y me sentí horrible, pero me tomé su jugo con culpa y todo. A los pocos minutos, salvo por las puntadas en el útero, estaba lo suficientemente bien como para ponerme a leer mi Gombrich. El libro me decepcionó. Esperaba encontrarme con ensayos de historia del arte, como los que había tenido que estudiar en la facultad o los que luego había comprado por mi cuenta, fascinada, y en cambio me topé con verdaderos tributos, homenajes a distintos críticos, estetas y coleccionistas. El tono era laudatorio y el formato biográfico, un género que de veras me desagrada. Cuando llegué al último ensayo y reparé en que los había empezado todos, pero no había leído ninguno completo, me rendí ante la evidencia de mis imposibilidades y guardé el libro de nuevo. Quizá fue esa decepción de la primera lectura la que me llevó después a olvidármelo en el Habana Libre. Me imagino que alguna mucama o turista lo tiene ahora, un ejemplar de Tributos flamante salvo por ciertas casi imperceptibles marcas como de cuchillo en la cubierta. Leopoldo comenzó a roncar, y no hubo modo de que parase rascándole la almohada. Ya que no me atrevía a despertarlo de hecho no estaba segura de poder despertarlo, tan grande era la cantidad de sedantes que le habían metido, me resigné a soportar su estruendo. Estaba a punto de volver al sofá, o más bien a caminar hecha un manojo de nervios de tina pared a la otra, cuando percibí que el suero caía más lentamente de lo apropiado. Mientras ajustaba el goteo a una velocidad que me parecía la original, algo húmedo y no del todo líquido me rozó el codo. Sobre el cubrecama había una mancha verde esmeralda, con reflejos amarillentos y consistencia de aceite. Miré hacia arriba de inmediato, y descubrí para mi sorpresa que la humedad del techo había cambiado. Se había convertido en una película verde y brillante, de un tono ligeramente más oscuro que la mancha del cubrecama, como si se tratase de pintura de la misma lata, pero sin diluir. El codo me ardía horrores, lo cual me distrajo un momento del fenómeno del techo: la piel estaba intacta, ni siquiera enrojecida, y cuando la toqué me pareció fría, cadavérica. La sensación se asemejaba a la de quemarse con hielo seco. Nota. El pasaje hace alusión a la Colección de ensayos de historia del arte, historia intelectual y crítica cultural escrita en inglés de E. H. Gombrich e intitulada Tributes: Interpreters of Our Cultural Tradition (1984), publicada por la editorial Phaidon, Oxford conteniendo una acérrima crítica intelectual a figuras clave como G. E. Lessing, G. W. F. Hegel, Lord Leverhulme, Sigmund Freud, Aby Warburg y Otto Kurz." epdlp.com |