Perder la casa (fragmento)Pham Van Ky
Perder la casa (fragmento)

"Era el tercer domingo desde el comienzo de las obras. Al igual que en los dos anteriores, y por orden mía, órdenes que contradecían las de James Hart, la mano de obra no descansaba. Habiendo adquirido algunos rudimentos de inglés con un pastor, yo sabía lo que significaba el día del Señor.
Los europeos se entregaban a aquel reposo mullido al término de la semana. Sin embargo, no celebraban ningún oficio: siempre temía que algún sacerdote se introdujera clandestinamente entre ellos. Pero, en el equipaje de sus amos, mis espías no habían señalado ornamentos de misa, cajas para los sacramentos ni vestiduras sacerdotales. No por ello relajaba mi vigilancia, pues, después de la Restauración, nuestro gobierno no había proclamado la libertad religiosa y, en las plazas públicas, a la orilla de los senderos, aquí como en todo el imperio, unos carteles recordaban la proscripción del cristianismo y las recompensas prometidas a quienes lo denunciaran.
James Hart nunca me había buscado pelea por ese motivo. Quizá consideraba que, al desenterrar una historia de tres siglos de antigüedad, pondría en peligro su misión. ¿Su misión? Dijera lo que dijera, esta no consistía, y además solo a título experimental, más que en construir —al mismo tiempo que se construía el tramo Tokio-Yokohama en la gran isla— un pequeño tramo de vía férrea desde Etuserep hasta… ¿Qué región del interior? Sapporo, había propuesto la compañía ferroviaria inglesa. Pero el emperador dudaba de que se pudiera atravesar la montaña, abrirse paso entre la maleza impenetrable, pues Hokkaido no era más que un único e inmenso bosque tan extenso, me decía Neufville, como un tercio de Francia.
En definitiva, ambas partes habían llegado a un acuerdo sobre una especie de desafío. El ferrocarril —los coolies lo llamaban «camino ardiente»— llegaría hasta donde le fuera posible avanzar, seguido dócilmente por la red telegráfica. En cuanto a la sección [militar], mientras se iniciaba en el arte militar francés, tenía a su cargo la policía y la protección de los trabajadores.
Según la memoria de los hombres, me aseguraba Neufville, al menos desde la invención de este medio de locomoción, ningún trazado había sido dejado hasta tal punto a discreción de los ingenieros, y ello sin licitación ni competencia."



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