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La vida simple (fragmento) "La felicidad de tener en el plato el pescado que uno mismo ha pescado, en la taza el agua que se ha ido a buscar, y en la estufa la leña que uno ha hachado: el ermitaño va a las fuentes. La carne, el agua y la leña todavía vibran de vida. Recuerdo mis jornadas en la ciudad. A la tarde, bajaba a hacer la compra. Deambulaba entre las estanterías del supermercado. Con un gesto taciturno tomaba el producto y lo echaba en el carrito: nos hemos vuelto cazadores recolectores de un mundo desnaturalizado. En la ciudad, el liberal, el izquierdista, el revolucionario y el gran burgués pagan su pan, su gasolina y sus impuestos. El ermitaño, en cambio, no pide ni da nada al Estado. Se hunde en los bosques, y de ellos saca su subsistencia. Su retiro constituye un lucro cesante para el gobierno. Llegar a ser un lucro cesante debería constituir el objetivo de los revolucionarios. Una cena de pescado asado o de bayas recogidas en el bosque es más anti estatal que una manifestación erizada de banderas negras. Los dinamiteros de la ciudadela necesitan de la ciudadela." epdlp.com |