Komirnicy (fragmento)Władysław Orkan
Komirnicy (fragmento)

"En Koninki la gente vive en silencio. Las montañas la han aislado del mundo, con el que sólo la ponen en contacto la feria, la fiesta de indulgencia o alguna gran festividad. Fuera de eso, nada. Bueno, sí: una cosa más, el jornal. Porque todos los años una parte de los jóvenes abandona la aldea «en busca de pan». Va dando tumbos por el mundo tras él y vuelve con historias extrañas de «aquellos países», pero con las manos vacías y, las más de las veces, con la salud quebrantada.
Por lo demás, la idea del «mundo» tiene para ellos el mismo significado que la luna o el sol: algo muy lejano, desconocido, de lo que alguna vez alguien les cuenta alguna cosa, pero a lo que no están muy dispuestos a dar crédito.
En cambio, escuchan de buen grado toda clase de cuentos inverosímiles. En esto, la mente práctica del campesino se muestra receptiva a la fantasía primitiva. Tal vez haya heredado también de generaciones sometidas aquella convicción de que «todo lo bueno que ha hecho el mundo no ha sido para el campesino...», y extraiga consuelo de los acontecimientos fantásticos.
«¿Habrá guerra?», preguntan unos; y otros: «¿Qué se sabe?». Ni unos ni otros preguntan por simple curiosidad. En la pregunta por la guerra se percibe el temor a nuevas cargas; y en ese «¿qué se sabe?» se esconde una esperanza indefinida, como si esperaran de algún lugar desconocido una mejora de su suerte. En la mente primitiva del campesino nace la idea de «algo» o de «alguien» que llegará, no se sabe de dónde, para alegrar su existencia...
De ahí las leyendas sobre un misterioso «archiduque», o sobre algún salvador de cuento que se oculta entre el pueblo."



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